Empresas en los Social Media: hacer más social el negocio, no al revés
Que las empresas tengan que estar conectadas, con cuantos más mejor, no es algo nuevo. Esto de conocer mucha gente, hacer networking de manera permanente, tejer redes… esto se hace de toda la vida. Ahora, con lo del Social Media, la cuestión adquiere más importancia, porque hay más recursos para conectarse a los demás.
La empresa, ahora, tiene que estar hiperconectada. Ya está. Es así… o no. Pero si es que no, se pierden las posibilidades de ser más conocidos, de estar más cerca de gente que podría ser de su interés. En esencia, ya digo, lo que ocurre con los Social Media es que tenemos capacidad para mostrarnos, para exhibir esa extimidad que nunca antes se nos había ocurrido destapar, porque no teníamos herramientas para ello.
No sé, igual me pasa por no venir de marketing, pero tengo claro que las empresas no han de estar en los Social Media para hacer más negocio a través de lo social, sino más bien el contrario, para hacer más social el negocio. Y no niego con esto que el objetivo de las empresas deje de ser hacer más negocio, no. Digo que los canales 2.0 están ahí, en origen, para acercar personas, para acercar conversaciones, conocimiento, cháchara, o lo que se quiera… pero entre personas. Que luego hayan venido algunos para hacernos ver que por esos canales hay más posibilidades para hacer vender más a las empresas, pues sí, está bien. Al fin y al cabo son canales de comunicación, que cada uno comunique lo que quiera y como quiera. Y si la estrategia va dirigida hacia eso y les va bien, no seré yo quien diga lo contrario. sigue leyendo…
Estamos asumiendo que el nuevo tipo de relaciones profesionales van encaminadas hacia el enredo: nodos de personas que se juntan para emprender proyectos comunes, (no)empresas creadas para avanzar con más fuerza en la ley de la selva. Los vínculos entre microbios profesionales son una moda tendencia necesaria, un recurso de la imaginación para ser más competitivos, una solución para poder aunar los deseos de individualidad con la exigencia de solvencia que te pide el mercado.
En esta selva, si se aspira a desarrollar proyectos golosos, resulta peligroso no ir en manada: los que van solos suelen tener canas de experiencia que les vale por cuatro personas a su alrededor. Aún así tienen valor, porque la soledad puede amargar hasta al más curtido de los llaneros solitarios.
En la era de marca personal y la autoestima por los aires, el concepto empresa pierde fuelle como lugar familiar, como domus donde encontrarse con colegas con los que se mantienen relaciones profesionales de confianza genuina. ¿Por qué? Porque las empresas tienen muchas probabilidades de convertirse en organizaciones psicópatas: hay tradiciones rancias y culturas procedentes del manajemen poco coherentes con el poder de la identidad de la persona. Pero, ¿es posible construir alguna alternativa que permita la creación de vínculos más duraderos que el de una pequeña empresa? ¿Puede la empresa ser el escenario en el que construir esos vínculos genuinos? La empresa 2.0, abierta, podría ser una solución válida. sigue leyendo…
La ética en la ley de la selva: historias de secuestros profesionales
Estos días me he acordado de la diosa Fides, la diosa de la confianza en la mitología romana. Había un culto hacia ella, una liturgia en la que elevar y prestigiar el sentimiento más elevado de los romanos: el respeto a la palabra dada, la confianza entre pares. La diosa personificaba ese valor que impregnaba su cultura, valor que soportaba el fundamento de todo orden social y político, que preservaba al Estado y a sus individuos.
Hoy en día vivimos libres y confiados, o al menos eso queremos creer, pero hay situaciones que invitan a que re-pensemos esto más a fondo. Esto de ser un pequeño microbio en la selva de los negocios tiene sus ventajas, porque pasas prácticamente inadvertido, pero a la hora de la verdad… estás en una selva, con todos esos gigantes de cuchillos afilados, con hambre suficiente y permanente para mantener su tamaño y hegemonía en el lugar.
Los pequeñines buscamos nuestro ecosistema, tierras fértiles que a los grandes no les interesa pisar. Sin esa presión es todo mucho más sencillo pero hete tú ahí que, depende de qué tipo de microbio seas, o lo que es lo mismo, en qué sector te muevas, tarde o temprano necesitas ir de la mano de esos animalotes. Está claro, en la selva de los negocios hay proyectos que no tienen sentido sin alguien que pise fuerte, al menos en las apariencias. Pero cuidado, cuidado al elegir animal de compañía.
Todos sabemos de injusticias que se cometen a nuestro alrededor, ¿o no? Siempre es el grande el que agravia al pequeño. Nos indignamos al ver, una tras otra, situaciones que transitan en el marco legal, pero que se alejan mucho de lo que debe representar un comportamiento ético. Pero la ley es la ley, la ley de la selva, ya digo. sigue leyendo…
Quizá sea mucho simplificar, pero veo estos tres tipos de relaciones entre personas en entornos profesionales:
1. Relaciones de rechazo: seguro que conoces a dos personas que se conocen… y que no se soportan. Habrán tenido algún desencuentro, o quizá varios. Siempre y cuando no haya un interés común, se intentarán evitar. Incluso se criticarán a sus espaldas. También puede ser que se conozcan y que todavía no hayan tenido relación alguna, pero se sabe (normalmente por ambas partes) que no parece que eso pueda ocurrir.
2. Relaciones de interés: “Por el interés te quiero, Andrés”, es el gran cajón en el que incluir la mayor parte de las relaciones profesionales. No lo critico, ojo. Si dos personas tienen interés en conocerse es precisamente por eso, porque les interesa hacerlo. Además, por ese interés puede que convivan durante mucho tiempo… y tan a gusto. Si nos interesa juntarnos con otros puede ser, grosso modo, por: sigue leyendo…






