Noviembre es el sexto mes desde que estoy integrado en el proyecto eMOTools. Desde que en Mayo nos fuéramos Nati, Inés, Amalio y servidor a Tolox a idear y verbalizar el rumbo compartido que íbamos a tomar, hasta hoy, vamos poco a poco tangibilizando en la práctica este modelo de empresa que buscamos de forma premeditada: ser cada vez más abiertos, con proyectos que nos gustan, que dominamos y que nos inquietan. Progresivamente vamos haciendo realidad el propósito de convertirnos en una empresa-gel (no tan líquida), basada en vínculos fuertes desde dentro para la construcción de lazos y redes interesantes hacia fuera.
Cada vez tengo más claro que una empresa tiene personalidad, más allá de la obligada personalidad jurídica. Y esa forma de ser (empresa) viene definida por la forma de ser de las personas que la conforman. Cuando mi trayectoria profesional tomó un nuevo sentido hace seis meses junto a la gente de eMOTools intuía que podría adaptarme bien a este cambio. Se ve que el olfato se me va refinando, porque aquí se dan las circunstancias para vivir en primera persona lo que pienso que debe ser la personalidad de las (pequeñas) organizaciones:
- Sentido de propósito: tener una misión compartida, unos objetivos claros y unos contenidos innovadores sobre los que trabajar en proyectos conocidos, “queridos” y pretendidos. Cuando casan nuestros propósitos con los que de la gente que nos rodea, complementándonos para que salga todo adelante con coherencia, chapeau.
- Espíritu hacker: disfrutar trabajando, de forma que se diluyan las fronteras entre la vida personal y la profesional. Tengo sólo una vida, no dos, así que que en esa vida trato de hacer todo lo que me gusta y… pasarlo bien mientras tanto.
- Perfeccionismo pasional: es el reto de hacer las cosas de la mejor de las maneras posibles, sin victimismos procedentes del entorno. Trabajar con espíritu artesano, con la honestidad que el sentido común me demanda.
- Identidades personales: la marca-empresa construida desde las propias identidades personales, la empresa al servicio de las personas que la conforman… no al revés. sigue leyendo…
Pensaba comenzar este artículo copiando y pegando los dos primeros párrafos de la anterior entrada publicada, pero está feo. Por allí defendía algo con sentido común: que las empresas tengan que estar conectadas, con cuantos más mejor, no es algo nuevo, que se hace de toda la vida vamos; y que con los Social Media esto de tejer redes ha adquirido más valor, por lo sencillo que parece… y por la crisis, que nos arruina e impulsa a buscar nuevas fórmulas de negocio.
Desde una perspectiva marketiniana del asunto parece que esto no tiene muchos ambages: hay que conocer gente, hasta en el infierno como dicen algunos. Nunca se sabe donde pueden surgir las oportunidades. Pero, ¿y si de lo que se trata es de tener a los mejores colaboradores internos? Aquí marketing nunca ha metido la mano, porque el tema de los recursos humanos los ha llevado siempre, pues eso, Recursos Humanos.
RRHH no ha sido mucho de salir ahí fuera a conocer gente, no. Más bien ha procurado quedarse en los despachos de su empresa o, como mucho, en los despachos de los asesores jurídicos o de las empresas de headhunting. Esto de la importancia de atraer el talento ha ocupado más páginas en los libros que prácticas inteligentes para mejorar el propio proceso de atracción.
La selección de personas, la de toda la vida, ha consistido en un proceso unidireccional: yo, empresa, oferto un puesto de trabajo; vosotros, potenciales recursos humanos de esta empresa, venid a mí, sumaros a mi proceso de selección y si llegáis hasta el final habréis alcanzado la gloria. La selección de personal ha sido, y sigue siendo en la mayor parte de los casos, la cosa más 1.0 del mundo. Incluso cuando se trata de procesos de selección de directivos, sólo que la elegancia, las formas y las premisas marketinianas (te vendo la posibilidad de entrar en mi empresa) juegan su papel. sigue leyendo…
Que las empresas tengan que estar conectadas, con cuantos más mejor, no es algo nuevo. Esto de conocer mucha gente, hacer networking de manera permanente, tejer redes… esto se hace de toda la vida. Ahora, con lo del Social Media, la cuestión adquiere más importancia, porque hay más recursos para conectarse a los demás.
La empresa, ahora, tiene que estar hiperconectada. Ya está. Es así… o no. Pero si es que no, se pierden las posibilidades de ser más conocidos, de estar más cerca de gente que podría ser de su interés. En esencia, ya digo, lo que ocurre con los Social Media es que tenemos capacidad para mostrarnos, para exhibir esa extimidad que nunca antes se nos había ocurrido destapar, porque no teníamos herramientas para ello.
No sé, igual me pasa por no venir de marketing, pero tengo claro que las empresas no han de estar en los Social Media para hacer más negocio a través de lo social, sino más bien el contrario, para hacer más social el negocio. Y no niego con esto que el objetivo de las empresas deje de ser hacer más negocio, no. Digo que los canales 2.0 están ahí, en origen, para acercar personas, para acercar conversaciones, conocimiento, cháchara, o lo que se quiera… pero entre personas. Que luego hayan venido algunos para hacernos ver que por esos canales hay más posibilidades para hacer vender más a las empresas, pues sí, está bien. Al fin y al cabo son canales de comunicación, que cada uno comunique lo que quiera y como quiera. Y si la estrategia va dirigida hacia eso y les va bien, no seré yo quien diga lo contrario. sigue leyendo…
Estamos asumiendo que el nuevo tipo de relaciones profesionales van encaminadas hacia el enredo: nodos de personas que se juntan para emprender proyectos comunes, (no)empresas creadas para avanzar con más fuerza en la ley de la selva. Los vínculos entre microbios profesionales son una moda tendencia necesaria, un recurso de la imaginación para ser más competitivos, una solución para poder aunar los deseos de individualidad con la exigencia de solvencia que te pide el mercado.
En esta selva, si se aspira a desarrollar proyectos golosos, resulta peligroso no ir en manada: los que van solos suelen tener canas de experiencia que les vale por cuatro personas a su alrededor. Aún así tienen valor, porque la soledad puede amargar hasta al más curtido de los llaneros solitarios.
En la era de marca personal y la autoestima por los aires, el concepto empresa pierde fuelle como lugar familiar, como domus donde encontrarse con colegas con los que se mantienen relaciones profesionales de confianza genuina. ¿Por qué? Porque las empresas tienen muchas probabilidades de convertirse en organizaciones psicópatas: hay tradiciones rancias y culturas procedentes del manajemen poco coherentes con el poder de la identidad de la persona. Pero, ¿es posible construir alguna alternativa que permita la creación de vínculos más duraderos que el de una pequeña empresa? ¿Puede la empresa ser el escenario en el que construir esos vínculos genuinos? La empresa 2.0, abierta, podría ser una solución válida. sigue leyendo…







