Enviado por Nacho Muñoz sobre 23 jun, 2010 en Mis artículos preferidos, Más filosóficas, Reflexiones sobre gestión de personas | 3 comentarios
La lengua inglesa hace una distinción generosa entre el desnudo corporal (the naked) y el desnudo artístico (the nude). La desnudez corporal, esa que se produce cuando nos encontramos desvestidos, entraña cierta molestia y turbación cuando la experimentamos ante la exposición pública o en un contexto equivocado. Nude, sin embargo, no comporta en su uso culto ningún matiz incómodo. La imagen que proyecta no es la de un cuerpo encogido o indefenso, sino la de un cuerpo equilibrado, feliz, lleno de confianza… incluso bello aún careciendo de cualquier connotación libidinosa.
El emprendedor que ya ha echado a andar con su pequeña empresa, apropiándose de los métodos y costumbres tradicionales y paradigmáticas de entender los negocios, de los consejos de los asesores institucionalizados en la materia, o por desconocimiento absoluto, tiene claro que cuantos más celos se tengan sobre cuestiones íntimas del negocio en sí, como pueden ser los temas de economía interna, más se incrementa la {ilusión de} seguridad y la perdurabilidad del mismo.
Y es que la economía doméstica empresarial representa una piel muy vulnerable. Las empresas salen a pasear por el mercado con una misión muy costeada, visiones de lujo y complementos en forma de conocimiento, innovación, empleabilidad, responsabilidad social y otros cosméticos o valores añadidos. Por debajo de todos esos tejidos, la piel, la cuenta de resultados: es el secreto que se esconde debajo de los atuendos; para muchos, la verdadera razón de disfrute por tener una personalidad jurídica, la pasta (con doble semántica) de la que se forja el verdadero sentido de emprender.
La vulnerabilidad de la economía íntima de las pequeñas empresas está ligada a su impureza. Es impura porque es vulnerable, porque representa la tentación, la del poder económico de su propietario, algo que puede (o no) alcanzar. Es vulnerable porque es impura, porque al igual que el pecado original introdujo el pecado en el mundo, el pecado de la ansia por alcanzar un poder económico origina, en su asunción más especulativa y corrupta, la desestabilidad económica y social. La cuenta de resultados de quien se torna especulativo y egoísta testimonia la lujuria, las vergüenzas y la suciedad de sus intenciones empresariales.
En este escenario, llevar transparencias que permitieran enseñar a los empleados los sueldos o beneficios que tienen los propietarios de la marca sería temerario. Dejaría de manifiesto una diferencia abismal que conduciría al desenamoramiento paulatino de los que allí trabajan. En esta escenificación, el propietario sería el dueño de la mansión y los trabajadores, eso, empleados del hogar. Difícilmente podrían sentirse comprometidos por el mantenimiento y sostenibilidad de la casa a la que van, si perciben que son eso: mano de obra barata que ponen a disposición del señor.
Sin embargo está esa otra acepción de la desnudez, the nude, en la que dentro de la casa empresa esos ropajes se integran en la propia piel, es como si el cuerpo estuviera pintado de lo que mejor representa la esencia física de la personalidad jurídica: la misión, la visión, los valores, el conomiento, la innovación, la empleabilidad, así como lo que gana cada uno por estar ahí. La esencia del por qué de la personalidad jurídica al descubierto. Mostrarse desnudo como empresa, así, es un orgullo, porque esta desnudez no genera turbaciones molestas ni diferencias embarazosas. No hay tentaciones porque hay un cuerpo equilibrado por todos sus matices, incluyendo la retribución. Enseñar que aquí todos ganan cuando se gana, y todos perdemos cuando se pierde, es tan de sentido común que no entiendo cómo genera tantos miedos y conflictos.
Cuando el emprendedor quiere crear y vivir de un proyecto, compartiéndolo con otros, por encima de ganar {mucho} dinero a través del proyecto y de las personas que necesita para ello, la desnudez económica se convierte en la expresión de la naturalidad extrema de esos propósitos.
¿Qué te parece? Un poco denso todo esto, ¿no?
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La imagen, obra de Emma Hack
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Enviado por Nacho Muñoz sobre 8 jun, 2010 en Mis artículos preferidos, Otras categorías | 14 comentarios
La conversación, reflexión y profundización de conceptos es caótica cuando no incorpora el silencio. Sin embargo, en la sociedad de las prisas y los consensos como instrumentos para alcanzar el éxito, el silencio es pecado, ya que avanzar sobre seguridades uniformes y recompensas inmediatas, limitando el silencio a su mínima expresión, constituye la tónica habitual en las relaciones entre personas, en la que el que calla parece que chirría.
En un grupo reunido por cualquier excusa social los temas de conversación no perduran más que segundos porque, realmente, no importa el tema de conversación: se ensalzan las voces más altas, las palabras más ingeniosas, la aportación más desternillante o lo políticamente correcto, qué más da. Siempre superficies imaginadas por las que pasar el tiempo. Es el ruido quien invade el espacio y la única alternativa disponible (la verbalización) ha de contener la suficiente coherencia con estas normas para mantenerte integrado y vigente en el éxtasis de la relación grupal.
Cuando el ruido predomina en la {no}conversación, el silencio reflexivo permite observar con mimo los ceños, el volumen, el color del pelo, los recursos lingüísticos, la anchura de los labios y muchos otros elementos de la decoración. Conviene ser astuto para adaptarse en estos escenarios. Y muy astuto cuando esos escenarios son los profesionales.
Cuando el tema es lo que predomina en la conversación, el silencio reflexivo permite fertilizar la misma, abonando la profundización y el análisis; el silencio facilita a su portador aprender incorporar ideas, recursos o experiencias que facilitan una aportación madurada, pura, sensata y generalmente más elaborada y entusiasta. Es un arma para recrearse en el discurso y una excusa para divertirse en estados reflexivos. Superada por los interlocutores la incomodidad que genera, el silencio precipita un espacio de insights inimitable.
Prueba a pedir una explicación en profundidad mientras callas intimidatoriamente y exije una respuesta más profunda cuando el interlocutor haya finalizado del todo. Y no (re)interpretes lo que te dicen. Cállate.
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Enviado por Nacho Muñoz sobre 1 abr, 2010 en Consultoría Artesana, Mis artículos preferidos | 23 comentarios

Ahora que estamos en Semana Santa, tengamos fe. Y para tener fe, imaginemos. Imaginemos juntos una empresa de consultores en la que…
Lo que se hace genera significado. Una empresa en la que cada servicio que ofrece tiene un verdadero {y por qué no hermoso} valor social, acompañado de una utilidad que beneficia a las personas en sus escenarios de trabajo. Imagina que todo ello se hace mediante una misma ética de la profesión, una visión del mundo bañada de valores compartidos que logre que cada acción que se desarrolla hacia el exterior (el mercado, la comunidad…) represente un avance en la construcción de un mundo mejor.
Todos son propietarios de la empresa. Todos arriesgan por igual, todos ganan por igual… todos hacen de todo, por tanto. Pero gobernar sólo gobiernan pocos, de forma que bajo un principio a través del cual exista una indiferencia absoluta sobre quién rige las decisiones que se adoptan, ya que la plena confianza entre las personas está por encima de todo lo demás, el gobierno fuera ágil y beneficioso para todos.
La pasión hacia los mejores resultados sea el medio más importante para alcanzarlos. Los conocimientos técnicos son necesarios, pero no suficientes para ser parte de esta empresa. La pasión por perfeccionarse a sí mismo en cada tarea, sabiendo que a través del propio perfeccionamiento se logran unos resultados superiores (¿la felicidad?) en los demás, ya sean de dentro o de fuera de la empresa, es el verdadero reto profesional. Equivocarse no es un problema, el problema es perder la pasión por lo que se hace y para quién se hace. No hace falta ser un genio o erudito, porque las complementariedades son necesarias para distribuir la pasión en todas las tareas organizativas.
Se pueda construir una vida personal dentro de ella. La empresa, a través de una organización de valores, métodos y experiencias compartidas, transmite una identidad lo suficientemente flexible como para que cada uno de sus miembros puedan identificarse con ese potente mínimo común denominador que a todos representa. Trabajar con esas personas supone vivir esa cultura, y en ella relacionarse e interactuar a través de la identidad personal e inimitable: una rica vida personal y profesional, sin distingos.
Ser menos es mejor que ser más. La empresa se soporta a través de los proyectos que tiene. Sólo los beneficios económicos de estos proyectos pueden sustentar la estructura de gastos de la empresa, de forma que si no hay nuevos proyectos, no hay necesidad para crecer. Y tampoco hay necesidad de crecer si los proyectos actuales de la empresa enriquecen las inquietudes profesionales de sus miembros. Sólo ante la aparición de nuevos proyectos interesantes se podría aumentar la estructura de personas de la empresa, y sólo a través de relaciones basadas en los principios y valores que fijan la cultura de la empresa.
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¿Te la has imaginado? ¿Hace falta mucha fe para creer en su existencia? Yo me la imagino y me gusta, llamadme fervoroso. Me gusta tanto que llevar esas ideas a la práctica me {pre}ocupa algún tiempo durante todos los días, ya sea delante del ordenador o encima de la almohada. Me gusta tanto que me gustaría compartir la idea y el proyecto con gente cercana.
Pienso todo esto aunque yo ya sea consultor, y no me va mal, pero no quiero vivir el resto de mi vida mi profesión, y mis ideas de empresa, solitariamente.
¿Qué te parece?

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Enviado por Nacho Muñoz sobre 21 mar, 2010 en Consultoría Artesana, Mis artículos preferidos | 12 comentarios
Si bien cuando se hizo pública y notoria la declaración de la consultoría artesana ya hice un acercamiento a modo de pinceladas de lo que, bajo mi humilde perspectiva, representa el nacimiento de esta red de consultores (#redca), hoy vuelvo a la tarea profundizando algo más sobre algunos de los atributos inherentes a este grupo. Estas profundizaciones espero que no me hundan del todo y lo que permita sea (re)conocer, desde una visión algo más conceptual, los entresijos de #redca y las características que la describen.
Insisto: así es cómo vivo yo #redca, cómo la siento, cómo la comparto, cómo la aprehendo, cómo la padezco… pero soy, no más, un {simple} nodo de esta red.
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EL VIRTUOSISMO EN #REDCA
La virtud es un concepto que me trae de cabeza por todo lo que sugiere, pero asumo que no es un concepto atractivo (verdad @cumclavis?). Y sí, es posible que también sea difícil de explicar.
Entiendo la virtud como un cúmulo de cualidades que perfeccionan la inteligencia de la persona, que señalan conductas concretas y “buenas” {éticamente hablando}, que predisponen a querer conocer mejor la realidad y a ejecutar, en progresiva libertad, cada vez más acciones sobresalientes para poder alcanzar la plenitud como persona.
Asimismo, asumo la noción de virtuosismo que sobrepasa los límites de la persona e incide en la necesidad de acudir a la inteligencia colectiva, el “general intellect”, para poder alcanzar los mejores resultados. Sin gente alrededor no alcanzamos ese sobresaliente, y sin actitud de compartir nuestra inteligencia, asumiendo que la de los otros nos complementa y nos hace mejores, tampoco.
Pues bien, creo que el consultor artesano ha de ser una persona virtuosa, pero ser un virtuoso en el ámbito de la consultoría tiene sus complicaciones. Asumiendo estas dos concepciones del virtuosismo, ligadas al desarrollo intelectual y moral de la persona {por un lado} y a la necesidad de contruir el trabajo acompañado de la presencia de la inteligencia colectiva {por otro}, distingo los siguientes rasgos de la forma de hacer consultoría artesana desde una perspectiva virtuosa:
- Supone trabajar con rigor y método
- Tener un profundo conocimiento de las herramientas disponibles es una exigencia. Ese conocimiento, adquirido vía formación previa {o como sea} debe desplegarse en el trabajo a realizar, de forma que previamente puedan conocerse los componentes, fases, contingencias, peculiaridades, etc. de las herramientas de actuación organizativa con la que tendremos oportunidad de actuar.
- No sólo se trata de conocer esas herramientas: el ejercicio de la consultoría artesana requiere de experiencias reales en la aplicación de dichas herramientas. Para obrar con rigor, aplicando una metodología coherente y real a las circunstancias de la organización, el profesional ha de tener la experiencia en la experimentación de las metodologías que emplea. Esa experiencia le faculta para actuar con solvencia en las nuevas experiencias con las que se encuentre. De ahí que pueda considerarse una etapa previa, llamémosla de aprendiz(aje), en la que el potencial consultor artesano pueda recoger vivencias que le permitan afrontar con el virtuosismo necesario su función.
- En todo caso, no hay que olvidar que esto de la consultoría tampoco trata de aplicar recetas estándar a disgnósticos comunes: cada diagnóstico está envuelto en una idiosincrasia organizativa que imprime un carácter personal a cada situación, por lo que la personalización de esas herramientas es otra variable asociada a esa rigurosidad que exige el trabajo artesano.
- Hay procesos organizativos que son tan personales que poco o nada valen los conocimientos y experiencias adquiridas con herramientas concretas. Esto ocurre sobre todo en los procesos de cambio: ahí se hace preciso codiseñar el futuro que se pretende (visión) con los responsables de la organización y moldear cada fase de una manera tan personalizada que ¡sólo! sería necesario tener un conocimiento exquisito de las relaciones de causa-efecto en dicha organización para poder planificar, moldear y ejecutar las fases del proyecto de consultoría.
- Supone trabajar con franqueza
- Le decían a una colega que “existe el Hardware, existe el Software y tenemos el Vaporware”. El consultor artesano no trabaja en escenarios vaporosos, en los que los objetivos de los proyectos no están claros o tienen propósitos asociados a coyunturas que se alejan de necesidades concretas de mejora organizativa. La forma artesana de hacer consultoría se aleja de la posibilidad de ser un actor secundario {necesario} para urdir una trama de intereses personales o de impulsos caprichosos.
- Se trabaja en la experimentación y el error. Sí, la consultoría artesana dice de manera clara y diáfana que el error existe y que la corrección del rumbo planificado es una de las posibilidades que pueden aparecer a mitad de proyecto, si ese rumbo no lleva a resultados sobresalientes. En contraposición, tendríamos otro tipo de consultoría (¿industrial?) que esconde los errores de forma o contenido que podrían ir apareciendo {normalmente no esperados, claro} y sigue hacia delante, empleando todo el maquillaje posible para asegurar la facturación. Con esto el artesano no pretende que se justifique previamente la posible equivocación, no. Lo que se quiere decir es que si algo va mal, que lo asuman todas las partes y que se retome el proyecto teniendo en cuenta esas contingencias aparecidas. Tiene bastante sentido común, ¿no?
- Se cobra por lo que vale el servicio, no más. Ser consultor artesano no significa actuar gratis, por amor al arte(sanado). Sencillamente, la facturación se corresponde con la contraprestación de unas acciones que el consultor va a emprender en la organización. Ojo: no se cobra por unos resultados inmediatos a obtener, sino por un servicio de consultoría que va permitir alcanzar unos objetivos concretos que, per se, no necesariamente resuelven los problemas iniciales: es posible que tan sólo allanen el camino para su solución.
- Supone compartir experiencias
- El artesano trabaja de manera independiente, pero no afronta su desempeño solitariamente. Acude a otros colegas profesionales para compartir ideas, estrategias o herramientas; se rodea de gente afín, con la que tiene confianza, con la comparte estos principios y, así, consigue elevar los resultados de un trabajo indivudual a los que puede tener un buen trabajo en equipo. Para este tipo de transacciones y pequeñas colaboraciones el dinero deja de ser un valor en sí mismo y el beneficio se cifra en metas como el valor social, el libre acceso, el aprendizaje compartido, la transparencia o la franqueza.
- El artesano solicita colaboraciones en aquello en lo que no está tan entrenado. No capitaliza la totalidad del proyecto porque es consciente de que ciertas fases se alinean mejor con algún otro profesional que domina mejor la materia en cuestión. Este tipo de transacciones o colaboraciones de mayor envergadura se traducen en contraprestación económica, evidentemente.
- Comparte el proyecto y la experiencia que está teniendo con su cliente, cuando se pueden dar las circunstancias, para alimentar la inteligencia de su colectivo más cercano. El objetivo es el del mero ánimo de otorgar el derecho a un libre acceso a la información de su sus proyectos con su red de colegas profesionales.
En conclusión, el consultor no tiene varitas mágicas, ni tampoco tiene en un baúl secreto y a resguardo un repertorio de “soluciones para cada necesidad organizativa” que sólo él conoce porque la ha desarrollado en sus laboratorios de excelencia empresarial, o algo por el estilo. Si conoces a algún consultor que no tenga una actitud de compartir sus métodos es que no trabaja bajo las formas de la consultoría artesana. Igualmente, si conoces a algún consultor que diga que tiene una solución exclusiva para resolver problemáticas organizativas, tampoco. Asimismo, tampoco es de fiar aquél consultor que difunda a los cuatro vientos su conocimiento si no es capaz de demostrar que ha trabajado con ese conocimiento lo que dice saber conocer.

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Enviado por Nacho Muñoz sobre 2 mar, 2010 en Mis artículos preferidos | 11 comentarios
Oxímoron: Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido.
¿Es la dirección de Recursos Humanos la dirección de un oxímoron?
Leí esta idea por primera vez en el blog de Miquel y lo que subyace a todo ello tiene miga. En la punta de esta posición se pueden encontrar matices extremos, como los que propuso de manera provocadora Julen con sus ideas radicales, que iban por el camino de la supresión de la dirección de RRHH. Se han ido sucediendo por ahí otros artículos que justifican que la presencia de RRHH en la empresa no tiene justificación y que su función debe transformarse para seguir teniendo sentido. En las modernas estructuras organizativas en las que predominan principios como los del cuarto sector, los de empresa abierta o la empresa social, eso de gestionar personas suena a principios del management que hay que superar.

Las personas deben apropiarse de su trabajo, porque una buena parte de ellos son trabajadores del conocimiento y trabajan con su conocimiento, por lo tanto nadie debe gestionarlos dado que ellos saben gestionarse. Debe procurarse la autonomía, libertad y propiedad en la parcela del campo de la empresa que les corresponde para trabajar, porque debe considerarse a la empresa como algo compartido que pertenece a todos los que la habitan.
Este departamento, como menciona Julen, “fueron concebidos para controlar (en negativo) o para explotar (en positivo) recursos”. Ahora es necesario apostar más por la autorregulación de los equipos de trabajo, el vivir la empresa más como un pueblo que como una empresa en la que el cerco de la gestión de sus habitantes no tenga sentido porque sean esos habitantes los que, per se, pretendan que el pueblo sea próspero.
En definitiva, que un humano no puede ser un recurso, o lo que es lo mismo, que los recursos no pueden ser, por principio, humanos. Y a partir de ahí, toda gestión que incida en que las personas son intrumentos para el beneficio de una tercera persona(lidad jurídica), provocando la apariencia de la empresa como jaula, es una idea que preferiblemente hay que intentar enterrarla, viva o muerta.
Pleonasmo: Expresión en la que aparecen uno o más términos redundantes para que la expresión tenga un sentido más completo
¿Es la dirección de Recursos Humanos la dirección de un pleonasmo?
Que RRHH es un pleonasmo, es decir, que las personas en un entorno organizacional son recursos que permiten el desarrollo de la empresa, y que por lo tanto es necesario no olvidarse que es necesaria cierta administración y gestión de las mismas, es una idea que se fundamenta en concepciones de la economía como la siguiente:
La dirección de la empresa no va de un señor fumando un puro, con los mocasines encima de la mesa y rodeado de bolsas cargadas de billetes de 500 euros, mientras las masas proletarias subyugadas se encuentran trabajando a destajo con tareas ingratas. La realidad es que el 42.8% de las empresas españolas tienen entre 1 y 9 personas asalariadas. Y el 51,3% de las empresas están compuestas solamente por el empresario o emprendedor que decidió que era una buena opción lo del autoempleo. Es decir, que si ponemos en una rueda de reconocimiento a 10 empresarios españoles, 9 serán personas que tienen su propio negocio y que, probablemente, les gustaría generar cada vez más riqueza, creciendo en capital económico y, por lo tanto, en capital humano que permita ese crecimiento.
Ese empresario quiere que las personas que la acompañan hagan las cosas bien, se organicen bien, se comuniquen adecuadamente, se formen para mejorar, etc. Algunos empresarios, incluso, también quieren que esas personas sean lo más felices posibles por pertenecer a su empresa, aunque también es cierto que a otros esto tampoco es una preocupación, ya que no hay nadie imprescindible si de lo que se trata es de incrementar márgenes.
¿Recursos Humanos? Sí, claro. Y si hace falta se recalca: se contrata a personas para que ocupen parcelas del campo de la empresa y la exploten; se alquila su fuerza de trabajo; sin ellos no se podría tener esa parcela, y si no se gestionan adecuadamente probablemente la parcela no se trabaje todo lo bien que se debería.
¿Qué opinas?, ¿RRHH es un oxímoron o un sincero pleonasmo?

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