Consultoría Artesana

Érase una vez… la red de consultoría artesana (#redca)

Tenía ya ganas de que llegara este momento, el del nacimiento de la Red de Consultoría Artesana (#redca). Para conocerla más a fondo estaría bien que fueras por allí a leer la presentación del grupo, quién lo constituye inicialmente y, por supuesto, la declaración de la consultoría artesana, que es el eje de todo esto.

Yo me voy a limitar a interpretar qué supone esta aportación al sector de la consultoría, desde mi óptica y perspectiva, quizá algo enrevesada y aburrida.

En #redca subyacen dos ideas ¿sencillas? y fundamentales:

  • Una forma de trabajar como consultores.
  • Una forma de organizarse como consultores.

Para explicar qué significa esas dos ¿sencillas? ideas ya habrá tiempo más adelante, en otros artículos, para explicar con profundidad ciertas dimensiones, todas ellas interrelacionadas, que impregnan estas ideas. Por ahora, sólo quiero dejar unas pocas pinceladas de lo que, desde mi perspectiva, representa este grupo:

1. Comunidad de sentimiento: es lo que identifica a los miembros de este nuevo barrio. Hacer tangible este sentimiento me obliga a remitirme tanto a la declaración como a esos dos ejes antes mencionados que subyacen a #redca, a saber, una forma de trabajar como consultores y una forma de organizarse como consultores. Los valores y principios asociados a estas dos ideas son los que generan ese sentimiento de pertenencia y que unen a los miembros de este grupo. A partir de esas dos ideas la diversidad es manifiesta y pretendida, pero esos dos ejes fundamentales y los sentimientos que nos generan como profesionales son compartidos. Que #redca haga visible la declaración e, implicítamente, transmita esas dos ideas fundamentales es lo mismo que querer decir que #redca busca pretendidamente compartir ese sentimiento, de forma que quien también lo tenga pueda adherirse y tener la posibilidad de ser partícipe y miembro de #redca.

2. Comunidad de experiencias compartidas: algunos de los miembros que conforman el barrio de #redca han trabajado juntos, pero muchos otros no. Sin embargo, todos reconocen experiencias pasadas, o intuyen las futuras, en las que esa forma de trabajar y esa forma de organizarse ha sido (hubiera sido o será) una forma coherente de actuar profesionalmente. Compartir de aquí en adelante esas experiencias es uno de los propósitos de #redca. Nuestro lenguaje es el resultado de traducir las señas de identidad, las prácticas y los valores que contienen la declaración en experiencias concretas y observables, de forma que podamos compartir no sólo unas ideas sino, sobre todo, unas experiencias.

3. Comunidad organizada: no es lo mismo una comunidad de sentimiento (o de carácter), surgida de experiencias pasadas o formas de pensar comunes, que una comunidad presente con voluntad de tener futuro. La creación de #redca y su exposición pública implica la voluntad explícita de convivir profesionalmente juntos bajo un mismo modelo, cuando se den las circunstancias para ello: hay consentimiento entre los miembros para compartir experiencias. En caso de existir en el futuro un significativo crecimiento en el número de sus miembros, puede darse el caso en el que este barrio se defina como una comunidad imaginada, donde la inmensa mayoría de sus miembros no se conozcan y que, aún sin cruzar sus vidas, vivan la imagen de una comunión de ideas y principios en torno a una forma de trabajar y una forma de organizarse para llevar a cabo trabajos de consultoría. Gestionar esta organización de personas requiere, y requerirá, de cierto gobierno que gestione el funcionamiento y garantice la solidez de algunos de los principios inalterables a través de los cuales se funda #redca.

4. Comunidad que se realiza y se autodetermina: #redca es una comunidad de sentimiento que se manifiesta a través de un barrio propio, el de la consultoría artesana. Así, #redca no es tanto una marca como un reflejo de todo lo que transmite su comunidad. Más allá de esa forma de trabajar y esa forma de organizarse, #redca no tiene entidad propia, porque las únicas entidades posibles son las de las personas que la conforman. En todo caso, el mínimo común denominador resultante de esa forma de trabajar y esa forma de organizarnos es #redca. Así, nadie hará nada por implementar estrategias de mercadotecnia sobre ese nombre, sino que el propio comportamiento profesional y las propias interrelaciones que se generen en esta comunidad construirán una imagen: una imagen que solamente procuramos que sea coherente con lo que quiere ser, sin demasiados artilugios artificiales.

En fin, el nacimiento de la Red de Consultoría Artesana, de #redca, de la cual me enorgullezco enormemente por pertenecer. Te dejo con este vídeo, que también “habla” de nacimientos y evoluciones…

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Ética griega y consultoría artesana

Ando esta semana liado, entre otros líos, con la asignatura de Ética. Sí, estoy cursando el doctorado de Filosofía por la UNED y en febrero ya tengo los exámenes… En relación con esto, por si no lo viste en su momento, he montado un blog en el que voy reflejando resúmenes y apuntes varios de lo que voy estudiando.

La cuestión es que repasando la ética griega me encuentro con numerosas ideas desplegadas hace un montón de siglos que tienen cierto parecido con cuestiones de hoy día. Llevándolo al terreno de la consultoría, son muchos los lazos que encuentro (y otros que fuerzo) con los principios que se van amontonando en la declaración que de la consultoría artesana unos pocos van (vamos) desarrollando.

En Grecia, los sofistas (sophós=sabio) eran algo así como unos mercenarios del saber, en tanto que no se limitaban a ser sabios, sino que hacían alardes de su saber y cobraban por ello. Representan la época ilustrada del pensamiento griego, algo así como la consultoría industrial en el management imperante. Sócrates, por su parte, que también es sabio, se escandaliza de la instrumentación que los sofistas hacen de sus enseñanzas. La mayoría de los diálogos platónicos, los llamados diálogos socráticos, narran disputas entre Sócrates (al que me atrevería tildar de artesano) y los sofistas, en las que aquél utiliza el método dialéctico que consiste en descubrir, por la discusión y el diálogo, lo que unos y otros ignoran. A través de la conversación, a través de preguntas y respuestas, los interlocutores dicen buscar la verdad. Y es Sócrates quien siempre tira de afirmaciones de sus oponentes para mostrar la vulnerabilidad de las mismas y que el fundamento en el que se asientan es extremadamente frágil.

Llega un momento en el que en realidad los sofistas ya no buscan la verdad. Un poco como a la consultoría industrial, que los principios de la facturación se anteponen a las premisas de ofrecer un servicio significativamente apropiado para el cliente. Los sofistas aceptan que ni la ética (ni tampoco la política) pueden permitirse juicios que vayan más allá de la doxa, la opinión. A lo único que uno puede aspirar es a convencer o persuadir de la utilidad de sustentarlas. Por eso, los sofistas son maestros en retórica, el arte de la persuasión, el que les sirve para conseguir la adhesión a aquellas ideas que juzgan más convenientes. Hoy serían expertos en marketing.

Que los sofistas hayan pasado a la historia como los adalides de la argumentación engañosa y falaz es sólo consecuencia de la mala prensa que adquirieron por causa de la condena generalizada que de la sofística y de sus métodos basados en la retórica hace Platón, cuya influencia puede ser parecida a la que tiene hoy cualquier bloguero de referencia.

No sé si la remodelada declaración artesana, que puede que dé la luz próximamente, podrá servir, como hizo Platón en su momento, para poder desbancar ciertos criterios de comportamiento en los modos de proceder en el sector de la consultoría. En todo caso, no cabe duda que contribuirá en, al menos, el intento de mejorar la ética del sector y los modos de colaborar y relacionarse en ella.

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Si quieres leer más sobre ética y consultoría puedes leerte este cuento

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Cuentos navideños de consultoría

Brainstorming, outdoor training, asessment center, fases del proyecto, formación indoor, coaching, mentoring, outplacement, empowerment, fundación tripartita, outsourcing, e-recruitment, branding, e-learning, benchmarking… Braulio era el gerente de una pequeña empresa que, en la gélida tarde del pasado viernes 18 de diciembre, sentado en su despacho, ojeaba los catálogos que unas pocas empresas consultoras le habían hecho llegar en los últimos días. Esas palabras cursivas (que no cursis, aunque también) aparecían esparcidas en los distintos dossieres mates o brillantes de distintos tamaños y colores que estaban arrojados por la mesa.
-Qué buenos diseñadores tienen estos-, se decía mientras ojeaba el apartado de soluciones personalizadas de una de ellas.

También echó un vistazo a un cedé autoejecutable con el que, tras una presentación en flash con un sonido de fondo armoniosamente coherente con la aparición del logo de esa otra consultora, iban desplegándose propuestas concretas para solucionar las necesidades que su empresa podía tener. Se acordaba de la mujer de esa consultora con quien tuvo la reunión: era sumamente fría y profesional, lo cual le proporcionó en aquel momento ciertas dosis de credibilidad y garantías. Fue sumamente amable y correcta, al igual que otro consultor, quizá algo más nervioso, con el cual no pudo evitar fijarse demasiado en su corbata, pues creía que era muy parecida a la que le regalaron en las últimas navidades sus suegros.

Debajo de un catálogo púrpura que tenía en portada el título Dossier borrador para la optimización de recursos operativos de su empresa había algunos otros papeles que había ido sacando de otras propuestas. Encontró uno llamado presupuesto (esta hoja la tenían practicamente todas las propuestas, algunas con el apellido de aproximado) con el que se detuvo un instante. Eran muchas líneas, en las que se exponían conceptos, y algunas otras columnas de honorarios/hora, unidades y subtotal. Abajo del todo de ese presupuesto que estaba mirando en cuestión, una cifra que no podría pagar aunque quisiera.

Braulio había propiciado reuniones en las últimas dos semanas con varias consultoras a las que había llamado expresamente. Con personal de cada una de ellas se había reunido por período aproximado de una hora y media y, a cada una, les expuso cuáles eran sus preocupaciones acerca de los problemas que creía que podía tener en su empresa. Una disminución de los resultados económicos, que creía que estaban siendo consecuencia de un bajo rendimiento generalizado de la plantilla, acompañado de un deterioro del clima laboral de los suyos, dificultades a la hora de seleccionar personal y una percepción personal algo siniestra sobre sus mandos intermedios eran algunas de las conclusiones que le explicaba con serenidad a esos consultores, quienes tomaban nota, o no, con bolígrafos corporativos (menos una, que lo hizo en un miniportátil que le sonaba demasiado el ventilador del disco duro).

A todos ellos le explicó con todo el detalle que su interlocutor quisiera estos asuntos cotidianos que podían estar ocurriendo. A todos ellos les dijo que, por favor, les enviase un documento en el que expusieran qué creían que podían hacer por la organización y cuánto podría costarle solucionar esas visicitudes. También les indicó que ese viernes 18 de diciembre tomaría la decisión y que hasta entonces podían llamarlo o escribirle cuantos mails quisieran para poder comprender mejor la situación y así redactar una propuesta acertada. Todos lo hicieron, menos uno.

Eran cerca de las ocho de la tarde. Braulio, con una pequeño gesto sonriente, leía el último de los documentos, que constaba tan sólo de una hoja y un par de párrafos: suficientes para saber ya a quién quería contratar:

“Estimado Braulio
Antes de nada, quiero agradecerte la conversación que mantuvimos la pasada semana. Fue muy enriquecedor conocerte personalmente. Desde mi punto de vista, la situación por la que atraviesa la empresa no tiene fácil solución por personal externo, ya que tengo anotados muchos indicadores de cuestiones que no están funcionando allí que representan, cada uno de ellos por sí mismos, problemáticas díficiles de aprehender en tan sólo dos semanas que he tenido para redactar una propuesta. Por ello no puedo enviarte ningún documento adjunto a este escrito, tal y como me solicitaste, ya que me resulta completamente imposible poder ofrecer ningún tipo de propuesta ni, mucho menos, un presupuesto aproximado.
Me pongo a tu disposición, si lo crees oportuno, para estar en tu empresa durante el tiempo que sea necesario, manteniendo nuevas charlas contigo y con el resto de personal que sea necesario, de cara a poder conocer mucho más de cerca la situación real de lo que allí ocurre. Sólo así podría plantearte algún tipo de propuesta concreta. No hace falta decir que no cobraré nada por llevar a cabo esta aproximación y que entendería perfectamente que declines esta oferta.
Sin más, espero que pases unas felices fiestas.
Un saludo”

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La imagen, de El Roto, la encontré en casa de Yoriento

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Aproximaciones al concepto de Consultoría Artesana


CONSULTORÍA RIZOMÁTICA.

Un rizoma es un modelo descriptivo o epistemológico en el que la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro.

Rizoma: introducción
. Gilles Deleuze. 1972.
Los que han hecho aportaciones al concepto de rizoma comentan que en un modelo arbóreo o jerárquico tradicional de organización del conocimiento lo que se afirma de los elementos de mayor nivel es necesariamente verdadero de los elementos subordinados, pero no a la inversa. En un modelo rizomático, cualquier predicado afirmado de un elemento puede incidir en la concepción de otros elementos de la estructura, sin importar su posición recíproca.

Esta noción del conocimiento está motivada por la intención de mostrar que la estructuras convencionales no reflejan simplemente la estructura de la naturaleza, sino que es un resultado de la distribución del poder y la autoridad en el cuerpo social.

CONSULTORÍA VIRTUOSA.

La frontera entre Trabajo y Acción que en un primer momento era algo vaporosa, ha acabado desapareciendo totalmente. (…) Esa hibridación se debe al hecho de que la práctica moderna ha asimilado el modelo del trabajo, asemejándose cada vez más a un proceso de fabricación (…). Este diagnóstico debe invertirse. La partitura sui generis del trabajo contemporáneo es el Intelecto en tanto que Intelecto público, general intellect, saber social global, competencia lingüística común. Y podríamos decir también: la producción exige el virtuosismo porque el Intelecto se ha vuelto la principal fuerza productiva, premisa y epicentro de toda praxis.

Virtuosismo y revolución. La acción política en la era del desencanto. Paolo Virno. 2003.

Según Paolo Virno, mucho antes de integrarse en la producción capitalista, el virtuosismo fue el arquitrabe de la ética y de la política. Él utiliza el término virtuosismo integrando dos significados:

-Por un lado alude a la virtù de Maquiavelo, en donde la pasión civil anima a la construcción de asuntos comunes.
-Por otro lado recoge una segunda acepción más extravagante y menos conocida del término que coincide con la good performance, la buena ejecución de músicos, artistas e incluso asesores o publicistas. Este virtuosismo va en busca de la comunicación y la interacción entre personas, sin pretensiones exclusivamente productivas en términos capitalistas.

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