Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted by on 20 feb, 2015 | 4 comments

La fertilidad del silencio

La fertilidad del silencio

____

La conversación, reflexión y profundización de conceptos es caótica cuando no incorpora el silencio. Sin embargo, en la sociedad de las prisas y los consensos como instrumentos para alcanzar el éxito, el silencio es pecado. Avanzar sobre seguridades uniformes y recompensas inmediatas, limitando el silencio a su mínima expresión, constituye la tónica habitual en las relaciones entre personas, en la que el que calla parece que chirría.

En un grupo reunido por cualquier excusa social los temas de conversación no perduran más que segundos porque, realmente, no importa el tema de conversación: se ensalzan las voces más altas, las palabras más ingeniosas, la aportación más desternillante o lo políticamente correcto. Qué más da. Siempre superficies imaginadas por las que dejar pasar el tiempo. Es el ruido quien invade el espacio y la única alternativa disponible (la verbalización) ha de contener la suficiente coherencia con estas normas para mantenerte integrado y vigente en el éxtasis de la relación grupal.

Cuando el ruido predomina en la {no}conversación, el silencio reflexivo permite observar con mimo los ceños, el volumen, el color del pelo, los recursos lingüísticos, la anchura de los labios y muchos otros elementos de la decoración. Conviene ser astuto para adaptarse en estos escenarios. Y muy astuto cuando esos escenarios son los profesionales.

Cuando el tema es lo que predomina en la conversación, el silencio reflexivo permite fertilizar la misma, abonando la profundización y el análisis; el silencio facilita a su portador aprender incorporar ideas, recursos o experiencias que hacen madurar la aportación propia, haciéndola más pura, sensata y generalmente más elaborada y entusiasta. Es un arma para recrearse en el discurso y una excusa para divertirse en estados reflexivos. Superada por los interlocutores la incomodidad que genera, el silencio precipita un espacio de insights inimitable.

Prueba a pedir una explicación en profundidad mientras callas intimidatoriamente y exije una respuesta más profunda cuando el interlocutor haya finalizado del todo. Y no (re)interpretes lo que te dicen. Cállate.

___

Entrada post-producida de la publicada originalmente el 8 de junio de 2010 en este mismo blog.

4 Comments

  1. Por si no la has visto, apunta: El gran silencio. Siempre te queda la opción de hacerte cartujo :-)
    Lo reconozco, me encanta el silencio. Ya, claro, luego no doy ejemplo…

    • Apuntado queda, aunque a priori no me llama la atención lo de ser cartujo ;)

  2. Gracias Julen por la sugerencia!

    Interesante propuesta Nacho, porque lo cierto es que el ruido predomina en la no-conversación y practicar el “silencio reflexivo” como tú dices es una buena excusa, no sé si para divertirse pero sí al menos para sobrellevar determinadas situaciones. El “peligro” está cuando el silencio reflexivo pone de manifiesto que el interés real de muchas situaciones es casi nulo y se pasa directamente a la ausencia mental. Entonces no queda otra que preguntarse “¿para qué el esfuerzo?”

    Silencio y reflexión son dos grandes conceptos y juntos hacen un cóctel perfecto. Y si además se usan como tú indicas ya es para nota. El tiempo, ese tesoro tan escaso… :-)

    Saludos!

    • Silencio provocador de una escucha real, que propicia el buen devenir de las conversaciones. Como dices, si pasamos a un silencio pasivo, a la ausencia mental, no estamos realmente conversando. Y el silencio es necesario para una gran conversación.

      Gracias Isabel!

Trackbacks/Pingbacks

  1. Bitacoras.com - Información Bitacoras.com Valora en Bitacoras.com: ____ La conversación, reflexión y profundización de conceptos es caótica cuando no incorpora el silencio. Sin …

Deja un comentario