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Posted by on 27 ene, 2015 | 0 comments

7 paradojas sobre el inconformismo pasional

7 paradojas sobre el inconformismo pasional

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Acomodarse, por más que duela reconocerlo, es nuestra tendencia y contra lo que tenemos que batallar. Ponerse las pilas para mejorar lo presente es un esfuerzo extra que siempre podemos evitar, y solo el que encuentra algo de pasión en lo que hace no sufre demasiado. Eso sí, el inconformista apasionado disfruta mucho más que el cómodo que se relaja tras un presunto trabajo duro.

El inconformismo pasional es una actitud, un modo de afrontar no sólo los grandes retos profesionales, sino también los asuntos menos transcendentes de la cotidianidadLa actitud va de asumir que siempre hay un modo mejor de hacer las cosas, que hay que salir de la zona de confort, que siempre se pueden pulir y mejorar los asuntos en los que uno se ve envuelto. Y disfrutar de todo ello.

La actitud inconformista no se deja seducir por los estímulos procastinadoresLe planta cara a la presión que producen los plazos de tiempo, el cansancio o la aparición de otros asuntos (puede que) urgentes, que hacen que optemos por poner punto y final a una tarea, un documento o un proyecto, justo antes de que pudiéramos hacerle una última mejora.

El trabajo (muy) bien hecho es el reto: diferenciarnos del resto desde la calidad de lo que hacemos, o simplemente, sentir que aprendes y mejoras a la vez que te diviertes encontrando y resolviendo nuevos desafíos. Pero no es fácil. El inconformismo es muy paradójico…

Paradoja 1: ¡Siéntete bienvenido, amigo inconformista… sospechamos de ti! 

El perfeccionismo ocupa un lugar un tanto contradictorio en las organizacionesDescubrir un perfil inconformista dentro de un equipo de trabajo puede resultar muy interesante: tener a uno de ellos te garantiza ese filtro de calidad siempre deseable, tanto en el proceso como en los resultados a obtener. Sin embargo, hay sospechas del que busca siempre la perfección.

Algo oculto tienen este tipo de personas que, a priori, puede hacernos parecer que acabará por enturbiar las relaciones dentro del grupo: ser perfeccionista supone realizar críticas y sugerencias constantemente, saliéndose de la armonía (¿conformismo?) que en muchas ocasiones invade los grupos de trabajo.

Inconformarse pasionalmente en un grupo de trabajo, por tanto, es complicado. Se tiene miedo a ser valorado como uno de esos que quieren llevar la voz cantante, como uno de esos que viven para trabajar y que deberían relajarse un poquito. Sentirse inconformista en un grupo acomodado es sentirte un bicho raro. La tendencia es aborregarse en esa baja productividad colectiva en la que todos adormecen y no pasa nada.

Paradoja 2: Mi mayor defecto es ser perfeccionista

Todos tenemos asumido que ponemos lo máximo de nuestra parte a la hora de hacer nuestro trabajo, que hacemos las cosas de la mejor de las maneras posibles. La intención de tener el “trabajo bien hecho” está presente en el discurso de todos cuando nos encontramos en escenarios profesionales. Sin embargo, la realidad nos dice que ser perfeccionista es más complejo. Inconformarse en mucho más que decirlo y regodearse por ello, supone demostrarlo constantemente.

Sentirse perfeccionista está políticamente bien visto. Es uno de los defectos que más se dicen en las entrevistas de trabajo. Es que soy muy cabezón y perfeccionista con mis cosas. La realidad es que somos más proclives a procastinar que apasionarnos incondicionalmente por una tarea, por mejorar esas cosas nuestras.

Paradoja 3: ¿Usted que desea? Resultados brillantes en poco tiempo. Gracias

El ritmo vertiginoso en el que nos movemos en esta cultura del fast work no marida bien con una actitud perfeccionista: producir un buen resultado requiere un tiempo del que a veces no disponemos. Ser perfeccionista supone enlentecer todos los procesos internos para revisar y mejorar lo que ya se ha realizado, algo que no siempre es posible. La presión temporal nos invita a echar el cierre antes de tiempo, antes de perfeccionar el resultado final.

El perfeccionista sabe bien que el tiempo juega en su contra y, por ello, se preocupa por su productividad personal o, al menos, evita todo el caos posible a su alrededor, para optimizar los tiempos que le tienen permitido para hacer las cosas de la mejor de las maneras posibles. Los perfeccionistas más caóticos optan por sacrificar tiempos normalmente destinados al ocio y/o la familia o amigos para sacar adelante con los niveles de (auto)exigencia que se impone. Los excesos de este recurso, como en todo, no parece que sea lo más adecuado.

Paradoja 4: Equivócate, que yo soy perfeccionista

  • Mafalda encontró a Guille, su hermanito, llorando desconsoladamente:
  • — ¿Qué te pasa, Guille?
  • — Me duelen los pies responde entre pucheros.
  • Mafalda se fija en los pies del crío y le explica:
  • — Claro, Guille, te has puesto los zapatos cambiados de pie, al revés.
  • Guille, tras un instante para comprobar el hecho indiscutible, comienza a berrear más fuerte. Mafalda le interrumpe:
  • — ¿Y ahora?
  • — ¡Ahora me duele mi odgullo!

La actitud perfeccionista, cuando se exhibe en equipos de trabajo, puede generar fricciones entre sus miembros. Un perfeccionista hace sugerencias de mejora o correcciones a trabajos desarrollados por otros miembros de manera recurrente, y lo hace para mejorar el resultado final. Sin embargo, el receptor de estas críticas tiene que hacer un gran esfuerzo por no sentirse dañado.

La habilidad del inconformista pasional consiste no sólo en orientarse a los resultados, sino también en ser empático con quien va a recibir la crítica y hacer la misma desde el punto de vista más constuctivo posible, a fin de ser percibido por el grupo como un perfil experto orientado a la calidad, y no como un obsesivo que pretende constantemente identificar errores ajenos o ensalzar su brillantez.

Paradoja 5: Si está bien hecho, lo hice yo. Si está mal hecho, la culpa es de otros

Trabajar desde una lógica perfeccionista implica ser consciente de la responsabilidad que implica estar al frente de una función o tarea determinada, y optar por sentirse propietario de dicha responsabilidad (incluso cuando se trabaja por cuenta ajena) a fin de cuidarla con todo el esmero posible.

Cuando no se ejerce esa responsabilidad, y en consecuencia los resultados son mediocres, se activa un patrón de pensamiento malicioso: el de responsabilizar en otros (hechos, personas…) nuestro mal resultado. Y eso es tan común como irresponsable. Es lo que se conoce como victimitis.

La victimitis es una sugerente estrategia para eliminar la responsabilidad que tenemos sobre nuestro desempeño y, así, descargarnos de la terrible carga del trabajo mal hecho, opuesta al trabajo bien hecho, que es lo que nos creemos de verdad que hacemos siempre.

El perfeccionista, sin embargo, consciente de la sibilina acción de la victimitis, antepone una creencia responsable sobre la cual opera: no tengo derecho a quejarme del entorno si encuentro que no he puesto todo de mi parte para lograr los resultados esperados.

Paradoja 6: Tú diseñas prototipos mientras yo vendo

En la caja de herramientas del inconformista pasional hay una que se utiliza mucho: el prototipado, el ensayo de una solución a través de múltiples aproximaciones. A fin de lograr un resultado mejor, el inconformista utiliza prototipos que van evolucionando a través de iteraciones recurrentes, mediante el análisis recursivo de cada una de sus partes, que permite que se vayan precisando las bondades del trabajo y eliminando sus imperfecciones. Es justo ahí donde se producen los aprendizajes que el perfeccionista trata de adquirir.

Este modo de operar dista mucho del resultadismo, propio de los oportunistas: atajar siempre que se pueda, copiar y pegar sin estilo, recurrir a soluciones marketinianas de baja calidad… escatimar esfuerzos por mejorar el contenido a costa de maquillar todo lo posible las formas de presentación del resultado definitivo. Frustra mucho a un apasionado inconformista ver como le adelantan por la izquierda con soluciones menos depuradas que la suya, pero puestas en el mercado con tácticas tan astutas como refinadas.

Paradoja 7: ¿inconformismo pasional o perfeccionitis cojonera?

Conviene apelar a la mesura cuando actuamos desde conductas perfeccionistas. Para evitar consecuencias desagradables derivados de una actitud inconformista conviene recordar que:

  • La idea de la perfección es imposible.
  • El valor de una persona no reside unicamente en sus logros o fracasos.
  • Equivocarse es una parte del proceso de aprendizaje en un entorno en el que la innovación está presente.
  • Es más rentable centrarse en lo positivo que incidir en exceso en lo negativo.
  • Pensar siempre si se ha hecho una evaluación realista de los objetivos y/o proyectos.

Como siempre, en un término medio encotraremos… ¿la perfección?

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