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Posted by on 29 ene, 2015 | 10 comments

5 monstruos de la resiliencia

5 monstruos de la resiliencia

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Vivimos tiempos de incertidumbre. Para muchos, el cambio va a una velocidad descontrolada, la complejidad se retuerce, el no saber qué va a pasar es aplastastante y, a menudo, la sensación de ahogo y necesidad (pon el adjetivo que quieras: económica, afectiva, de sentirte libre…) es más protagonista de lo que quisieras.

Las adversidades, en tiempos inciertos, tienen ese poder que nos impide avanzar en nuestros proyectos. Los que sean. Y toda esta negatividad domina nuestros pensamientos. Desde que nos levantamos temprano hasta que no podemos pegar ojo de madrugada. Pero no lo hace directamente, sino que adquieren la forma de hábitos de conducta, modos de pensar, creencias, premisas… monstruos, equivocados y dañinos, y que sin embargo creemos que no nos hacen daño.

Dicen que generamos al día un promedio de 60M pensamientos diarios. Realmente no sé si serán sesentamil o sesentamillones, qué más da. Lo que parece claro es que por nuestras cabezas pasan muchísimos al día. Y un par de cosas son evidentes al respecto: la mayoría de los pensamientos son los mismos que los del día anterior. Y esa mayoría tienen una carga negativa, que nos perjudica si no la administramos adecuadamente.

Lo peor de todo: pensamos de un modo casi-automático, por lo que la predisposición a gestionar lo que pensamos es casi nula. No controlamos demasiado lo que pasa por nuestra consciencia, ni en cantidad ni en calidad. No nos paramos a pensar si lo que pensamos nos conviene o nos perjudica. Y todo esto resulta que nos pasa factura. Demasiada inconsciencia para tantos problemas externos. Demasiada incontinencia cognitiva para tanta incertidumbre.

A esto de saltar obstáculos y ser resilientes hay por ahí quienes lo llaman gestionar el estrés o tolerar la incertidumbre. Pensemos en alguien (porque siempre tenemos a alguno a nuestro alrededor) que parece que puede con todo: en ese tipo que a pesar de los pesares, tira adelante con más dignidad que pena; en esa tipa que por más que no le acompañan las buenas noticias no pierde la sonrisa. Esa gente, más que gestionar el estrés y tolerar la incertidumbre, lo que parece es que les va la marcha, que les gusta el jaleo. Hay quienes, a pesar de pasar poco tiempo con la familia, estar más horas de las debidas trabajando (o buscando empleo), aguantar atascos, situaciones tensas y conflictos aún sin resolver, llegan por la noche con la sensación de “hoy me lo he pasado bien… y mañana más”.

No. No son superhéroes. Y tampoco están mintiéndose a sí mismos y los demás. Hay (mucha) gente que pone remedio a eso de gestionar las emociones, porque conocen bien quiénes son los malos, quiénes son los monstruos a combatir para ser resilientes.

Monstruo 1: Ya si eso lo hago mañana, que ahora no me viene bien.

No darse cuenta que el problema está en postergar las tareas y decisiones complejas y/o poco apasionantes.

Hay un proverbio inglés que dice “si empiezas el día tragándote una rana viva, el resto del día te parecerá mejor”. No cabe duda. En el día a día, sin embargo, no sabemos identificar ranas vivas a nuestro alrededor. Pero hay un montón de ellas: tareas que tienes que sacar adelante, que no te gustan nada de nada, feas, que incluso odias y que no puedes evitar (y si no, habrá consecuencias…). Esas son las ranas vivas que hay que tragar. Pues bien: cuanto antes te quites de en medio esos problemitas, verás lo bien que pasas el resto del día. Eso sí, como lo dejes sin hacer, te acompañará un sibilino run-run durante todo el tiempo que no te dejará en paz. Te perseguirá una sensación de angustia que no sabrás explicar. Y puede que incluso tu humor se convierta en mal humor por momentos sin explicación alguna.

Monstruo 2: La vida es un continuo brownstorming.

No darse cuenta que asumimos negativamente las adversidades.

Sí, brownstorning: tormenta de marrones, calamidades y desgracias. Asumimos la adversidad como un verdadero problema, no como algo normal. Y parece que el secreto de la vida consiste en aceptarla tal cual es. ¿Quién no tiene problemas? Llevamos siempre de media más tiempo observando nuestros problemas que afrontándolos. Las adversidades son problemas, sí, pero también son desafíos, retos, oportunidades para mejorar. Nosotros elegimos el prisma desde donde queremos ver el asunto. Elige el tuyo, sabiendo lo que ocurre por nuestras venas:

  • Adversidad = Desafío. Cuando la adversidad la afrontamos como desafío, reto u oportunidad, nuestra sangre se llena de una curiosa mezcla de hormonas. Adrenalina y noradrenalina, que mantienen nuestro interés y la sensación de vitalidad que nos invitan a explorar soluciones; dopamina, que nos da capacidad para enfocar y evitar distracciones, proporcionando una sensación de placer; y serotonina, mejorando el estado de ánimo y la confianza en nuestras posibilidades para afrontar el desafío.
  • Adversidad = Problema. Cuando la adversidad la tomamos como problema, activamos mecanismos de evitación. Disminuye en sangre todas esas hormonas anteriormente descritas y aparece un montón de cortisol, que hace que nos sintamos agotados, empecemos a irritarnos y a perder tanta concentración como memoria, suscitando emociones negativas como el miedo o la desesperanza.

Monstruo 3: No puedo, no puedo, no puedo.

No darse cuenta que las actitudes pesimistas influyen en nuestro rendimiento cuando el contexto es exigente.

Un tal Albert Bandura, catedrático de Psicología en la Universidad de Standford (ni más ni menos) ha trabajado una línea de investigación más que interesante: la auto-eficacia, es decir, cómo influye la percepción que tenemos de nuestra capacidad para el éxito de nuestra conducta futura. No, no estoy hablando de cosas esotéricas de tipo piensa que va a ocurrir algo y ocurrirá, ni nada por el estilo. Hablo de ciencia y, para ello, explico un experimento. Léelo y saca tus propias conclusiones, a partír de las que sacó Bandura, o ve directamente a las conclusiones del mismo (no pasa nada si no conoces con detalles el experimento):

Experimento de Albert Bandura

Bandura invitó a unos jóvenes a participar en una experiencia. Lo primero que pidió a todos fue meter las manos en unos tanques llenos de agua muy fría. Se cronometró el tiempo que cada participante aguantaba el dolor. Posteriormente dividió al grupo en dos y los situó en salas diferentes. Allí había problemas matemáticos (los mismos en cada sala) que debían resolver.

La diferencia es que en una estancia, los colaboradores de Bandura tenían la misión de hacer que los estudiantes se sintieran capaces de resolver los problemas, transmitiéndoles confianza, mientras que en la otra se actuaba de forma inversa, es decir, haciendo sentir a los estudiantes que eran incapaces de dar una respuesta a esos problemas, transmitiendo desconfianza a los mismos.

Terminada la parte de los problemas, se llevó de nuevo a los jóvenes a los mismos tanques de agua muy fría para que volvieran a meter las manos y poder calibrar cuánto aguantaban el dolor sin sacar las manos de allí.

Los resultados inicialmente eran los obvios. Es decir, los estudiantes que se sintieron capaces de resolver problemas complejos  resolvieron mucho mejor los mismos que quienes se veían incapaces. Pero no era lo que buscaba Bandura. Iba más allá. El profesor validó la hipótesis de que aquellos que recibieron confianza externa y sintieron que eran capaces de resolver los problemas afrontaban mucho mejor una situación adversa (aguantaron mucho más tiempo con las manos metidas en agua casi congelada). La adversidad la gestionaban significativamente mejor que quienes recibieron desconfianza externa y sintieron que eran incapaces de resolver los problemas complejos.

Moraleja: la percepción de nosotros mismos, la confianza en nuestras posibilidades y el control de las actitudes negativas a pesar de las circunstancias son más que importantes para luchar contra el monstruo del “no puedo, no puedo, no puedo…”

Monstruo 4: Respirar tampoco es tan importante.

No darse cuenta que una respiración adecuada ayuda y previene nuestra capacidad física para afrontar situaciones adversas.

De todas nuestras funciones vitales, la respiración es la única que está regulada por el SNC (Sistema Nervioso Central), aparte de estar bajo el control del SNA (Sistema Nervioso Autónomo). Es decir, que la función respiratoria funciona como un mecanismo de enlace entre la actividad nerviosa involuntaria y la función nerviosa controlable conscientemente. La respiración, fíjate tú, constituye una fantástica estrategia de cara a incrementar nuestra competencia de gestión del estrés, siendo una herramienta a nuestra disposición en toda ocasión.

¿Qué ocurre cuando pensamos demasiado y de forma negativa?

¿Qué ocurre cuando pensamos mucho y de forma negativa? Que hacemos una respiración torácica en lugar de una respiración abdominal o diafragmática. Cuando pensamos demasiado y rumiamos en exceso los pensamientos negativos comenzamos a contraer sin darnos cuenta los músculos y a respirar mal.

El problema se origina debido al grado de tensión muscular existente en el diafragma, músculo ubicado debajo de los pulmones, presionando a estos hacia arriba, causando una pérdida del volumen total de aire que pueden emplear a lo largo de cada ciclo respiratorio. A más tensión en el diafragma, mayor es el grado de opresión en los pulmones, provocando una respiración más agitada.

Esta manera de respirar provoca un mayor desgaste energético progresivo. Además, apenas con unos meros segundos de mantener esta forma de respiración, la tasa cardiaca comienza a crecer en velocidad, la presión arterial aumenta y se provoca un mayor grado de gasto metabólico. Entonces, dichas señales alertan al pobre cerebro a ponerse en modo alerta, y digo pobre porque lo tenemos entretenido pensando negativamente sobre todo lo que nos rodea. El estado de ansiedad que se precipita no ayuda nada a mejorar la situación, no.

Respirar bien no es una opción, es una obligación. Aprender a respirar  para el diafragma es un requisito para gestionar procesos físicos que nos perjudican. Puedes descargarte un manual de entrenamiento de la respiración editado por la Universidad de Barcelona pinchando aquí.

Monstruo 5: Voy muy rápido para acercarme antes al futuro.

No darse cuenta que no somos ni mejores ni más felices por ir más rápidos.

Siempre me ha gustado el movimiento slow, porque es provocativo e inspirador. La filosofía del movimiento slow consiste en lograr un cambio cultural, en lograr una desaceleración en el modo de concebir las experiencias que vivimos, una desaceleración de nuestra forma de vida, para lograr una mayor disfrute de la misma.

Y es que vivimos sometidos en nuestras particulares carreras de obstáculos, llevando un cronómetro con el que controlar hasta la última milésima de segundo, tanto si tenemos que sacar adelante un proyecto como si queremos hacer una paella con los amigos el domingo. La prisa es el motor de todas nuestras acciones y la velocidad descontrolada envuelve nuestro trabajo y nuestra vida, acelerándolo, economizando cada segundo, rindiendo culto a una velocidad que no nos hace ser mejores ni más felices.

 

¿Qué te parecieron estos monstruos? ¿Los combates a diario o te acompañan sin que te des cuenta? Resiliencia! ;-)


© Fotografía libre hecha por for Bell Design

10 Comments

  1. Me alegra leerte, Nacho, y ver que recuperas con buenos posts tu vena bloguera. No pierdas la costumbre, chaval, que se te da bien. Esto merece un RT…

    • Pues a mi me alegra tenerte por aquí y que te gusten estos posts, compañero!
      Ya ves, cumpliendo propósitos de 2015 ;-)
      Gracias por difundir!

  2. Muy bueno Nacho….Particularmente todas las mañanas me desayuno unas 4 o 5 ranas. Y siempre, siempre, siempre…..Adversidad = Desafío.

    • Pues solo falta respirar bien y asumir que puedes con todo, pero sin ir demasiado rápido ;-)

  3. Quiero combatirlos… Pero no soy hábil y me terminan acompañando

    • Quizá tan solo saber que están ahí acompañándote es un gran paso para echarlos de tu vista ;)

  4. Voy a tener que auscultarme un poco más porque a medida que iba leyendo, me iba viendo en algunas de las situaciones diarias.
    Vaya placer.
    Lo que queda por aprender.
    Abrazotes Nachete

    • Pues sí, tenemos que mirárnoslo bien todos, porque estamos así como mal hechos :P
      Gracias Juanjo!

  5. Excelente artículo Nacho, sin lugar a dudas me va a resultar de suma utilidad, gracias x compartirlo, un cordial saludo, Eduardo.

  6. Hay días en los que no encuentras salida a tus propio bloqueos, pero reflexionando respecto a estos “monstruos” te das cuenta que la vida no es tan difícil como parece y que está en tus manos hacerte cargo de ella.

    Muchas gracias por compartir esto, llegó a mi vida en muy buen momento… mis demonios estaban por desbordarme.

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