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Posted by on 10 ene, 2012 | 6 comments

La organización obsesivo-compulsiva

La organización obsesivo-compulsiva

Parece ser que la principal característica de este trastorno es la preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control mental, a expensas de la flexibilidad y la espontaneidad. Ojo, no ha de confundirse con el trastorno de ansiedad que lleva el mismo nombre: aquí estamos hablando de un trastorno de personalidad y los que lo padecen intentan mantener la sensación de control, mediante una gran atención a las reglas, los detalles, los protocolos, las formalidades… hasta incluso la pérdida de vista del principal objetivo de la actividad. Son demasiado cuidadosos y muy propensos a las repeticiones, sobre todo para comprobar los posibles errores.

  • 1- Falta de decisión, dudas y precauciones excesivas, que reflejan una profunda inseguridad personal.

El conservadurismo suele ser habitual en este tipo de personalidades empresariales. Las inseguridades reinan, lo cual se traduce en una inacción o retraso de las decisiones a tomar. El principio de subsariedad (un asunto debe ser resuelto por la persona más próxima al objeto del problema) no existe, porque la desconfianza también está detrás de esa inseguridad, de forma que al personal se le sacrifica su autonomía en el trabajo a costa de mayor control sobre su desempeño. La dirección de este tipo de empresas suelen contar con caros consultores y asesores, permanentemente, en los que delegar decisiones importantes.

  • 2- Preocupación excesiva por detalles, reglas, listas, orden, organización y horarios.

De puertas hacia dentro los procesos están muy bien definidos, de forma que el orden y la claridad organizativa imperen como valores críticos. Los organigramas, cronogramas, bases de datos, normativas internas o los sistemas de calidad pasan al primer plano, burocratizando en exceso el día a día de la empresa. La flexibilidad en todo este sistema regulado no tiene cabida.

  • 3- Perfeccionismo, que interfiere con la actividad práctica.

Se alinea el perfeccionismo con la sensación de seguridad, algo que nunca se alcanza: la comprobación de todos los detalles antes de tomar una decisión o de llevar a cabo una simple tarea se torna en imposición interna. Los efectos embudos son permanentes, porque los empleados no disponen de la autonomía suficiente para poder tomar las decisiones y, además, la supervisión para controlar el perfeccionismo necesario para llevar a cabo todas las actividades es necesario. El miedo a no hacerlo bien es mayúsculo ya que cada error alimenta esos miedos y la sanción del fracaso es un hecho.

  • 4- Rectitud y escrupulosidad excesivas junto con preocupación injustificada por el rendimiento, hasta el extremo de renunciar a actividades placenteras y a relaciones personales.

Los sistemas de evaluación y control del desempeño están programados y, aunque parece que representan el criterio por el que medir la labor del personal, la realidad es que hay una cultura de presencialismo: hay que intentar llegar el primero e irse el último, no sólo hay que trabajar, sino parecer que se trabaja.

  • 5- Pedantería y convencionalismo con una capacidad limitada para expresar emociones.

Al igual que la empresa esquizoide, las personas que forman parte de las empresas son recursos humanos (fungibles humanos, que diría la buena de Inés), mostrando frialdad emocional ante ellos. Las relaciones dentro de estas organizaciones son estrictamente profesionales, haciendo por lo tanto una clara separación entre la vida personal y la profesional. Las conversaciones informales a veces son performances de buenas relaciones entre compañeros, donde se intuye un poso de convencionalismo y de “vamos a llevarnos bien porque no tenemos otra opción”.

  • 6- Rigidez y obstinación.

Los jefes de este tipo de empresas se caracterizan por su obsesión por llevar a cabo los objetivos según los estándares y patrones que previamente ha establecido, los cuales busca de forma compulsiva y obstinada, sin permitir márgenes de maniobra alternativos.

  • 7- Insistencia poco razonable en que los demás se sometan a la propia rutina y resistencia también poco razonable a dejar a los demás hacer lo que tienen que hacer.

Hay un modo de hacer las cosas… que es el modo de hacer las cosas. El personal es tratado como como si de un alquiler de la fuerza de trabajo se tratase, sin autonomía o independencia para desarrollar sus tareas en función de su intuición o conocimientos. “Aquí no se paga para pensar”, aunque Fulanito crea que existe otro modo de hacer las cosas.

  • 7- La irrupción no deseada e insistente de pensamientos o impulsos.

Muy relacionado con lo anterior: ante proyectos en donde aparecen dudas sobre si se podrían hacer las cosas de otra manera, se establecen de arriba a abajo, espontáneamente, de forma impulsiva y sin consultar a nadie nuevos modos o procedimientos de trabajo, a pesar de que no mejoren la situación.

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¿Se te viene a la cabeza alguna empresa obsesiva-compulsiva? ¿Conoces algún atributo o experiencia obsesivo-compulsiva que poder añadir a la lista? Después de la empresa narcisista y la paranoide, esta parece menos común… ¿o no?

6 Comments

  1. Diría que este es un perfil típico de organizaciones muy grandes del siglo XX. Llámese empresa, administración o ejercito. Su naturaleza obsesiva-compulsiva facilita el traspaso de poder, al final al cabo las personas, dirección incluida, son fungibles humanos. Su salvación reside en que su propio tamaño permite la existencia de zonas de libertad, donde no se sabe aplicar las reglas por que no se han escrito aún.
    En la actualidad hay empresas enormes, tipo Google, que parecen haber sabido romper con este estereotipo. Pero son empresas muy jóvenes. Quizá habría que suspender el diagnóstico hasta que haya una generación de personas que lleven más de 20 años trabajando en las mismas.
    Se me ocurre que toda empresa ‘equilibrada’ debe tener su faceta obsesiva-compulsiva. La cuestión es mantenerla a raya. :-)

    • De acuerdo con Peter. Aunque no sé si el término “obsesivo-compulsivo” se adapta a una recomendación plausible para cualquier organización, pero sí que creo en un tipo de perfeccionismo que conduce a la excelencia, al buen hacer, a una calidad que deleita. Lo que pasa es que no puede ser algo “obsesivo”, insano, desgastante… sino algo gestionado con naturalidad, con gusto, con pasión auténtica. Ya sabes que creo en el perfeccionismo que se practica “a posteriori”, ese que deja hacer. que libera el talento, pero que es inconformista con los resultados, y los sigue puliendo hasta llegar a lo deseado. El que me parece dañino es el “a priori”, porque no facilita la iteración, el ensayo-error, y pretende que todo esté atado y controlado desde el principio. ¡¡buena serie, colega!!

    • Sí, creo que Peter da en el clavo.
      Todos los puntos reflejan el objetivo común de conseguir una “seguridad” basandose en el control de todas la áreas. Aunque creo que no debemos, en este caso, confudir “perfeccionismo” con “necesidad de control”.
      Nacho, me están resultando muy curiosos y enriquecedores los análisis que haces “humanizando las actitudes de las empresas”. ;)
      Un saludo 

    • Peter, Amalio, Xavier:
      Confundir un trastorno obsesivo-compulsivo con una clara intencionalidad por buscar la excelencia o, simplemente, el hacer las cosas bien, sería un error. Fijaos que del trastorno se destilan hábitos y rutinas que no tienen que ver con que en el día a día podamos tener orientación a la productividad y al trabajo bien hecho.
      Disculpad el retraso en la respuesta. Me falló un “no sé qué” en el wordpress que no me notificaba los comentarios nuevos :-(  

  2. Me gusta y me parece interesante esta tras locación de la nosología psicopatológica al mundo de las organizaciones. De alguna manera  una organización refleja aquellos rasgos que distinguen a sus propietarios y a quienes las dirigen. Es raro que la psiquiatría se haya quedado a las puertas de las empresas cuando su “personalidad” inciden de manera determinante en la felicidad o en el sufrimiento de las personas que trabajan en ellas.

    Personalmente creo que lo que se va diciendo en alguno de los comentarios es cierto si se observa el matiz que diferencia el ser ordenado, constante y orientado a la calidad del de ser una organización con un ”trastorno” obsesivo-compulsivo es decir, cuando el orden, el control y el perfeccionismo deja de ser un medio para pasar a ser un fin en sí mismo.  Un cuadro del que no disfruta nadie, ni tan sólo los que causan el trastorno.

    Si aceptases peticiones Nacho, me encantaría ver el desarrollo de una organización con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad [TDAH]  ;D

    • Das en la tecla en lo que se refiere a la diferenciación entre TOC y orientación a la calidad: “el orden, el control y el perfeccionismo deja de ser un medio para pasar a ser un fin en sí mismo”. Quizá sea el criterio clave de todas las anormalidades repasadas por el blog.
      No me meteré por ahora en otros trastornos, Manel, porque la hiperactividad de estos últimos tiempos me está haciendo perder la atención a otros contenidos con los que quisiera también probar por el blog. Aún así, esto lo anoto para hacer el ejercicio de tras locación en la intimidad ;-)
      Un abrazo! 

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