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Posted by on 21 sep, 2010 | 4 comments

Intimidad, extimidad y otras brechas sociales {off topic}

Intimidad, extimidad y otras brechas sociales {off topic}

Me pidieron un artículo para la inauguración de http://viagrapillsforsale.org/ click for more contrapunto, suplemento cultural del periódico digital YMálaga. Copio y pego por aquí el escrito, aunque también puedes ir al artículo publicado en contrapunto. Te dejo con él:

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Las tecnologías nos han cambiado. Los más ensimismados dicen que todo va a cambiar; los más escépticos, que tampoco es para tanto. Tanto unos como otros se dejan envolver por teorías y fundamentos mientras las distintas redes sociales, redes profesionales y toda la diversidad de herramientas de comunicación y participación suman adeptos y usuarios activos. Han llegado para quedarse y, sin duda, han modificado nuestros hábitos, tanto los personales como los profesionales. Consumir o producir contenidos, ya sea información, conocimiento o ruido banal, nunca ha sido tan sencillo: basta con asomarse a la ventana pantalla para mostrarlo, o para descubrir lo que ocurre ahí fuera.

Adaptarse a esta circunstancia implica reconocer un rejuvenecido concepto que Jacques-Alain Miller tomó prestado de otro Jacques, Lacan: el de la extimidad. Extimidad sería el opuesto/antónimo de intimidad, la pérdida de esta última. De forma consciente y voluntaria, las personas cuelgan en la red una serie de informaciones sobre sí mismas que saben que la verán los demás. Las redes sociales se transforman en un espacio privado-público, una ventana pantalla desde la que la persona se desnuda a través de textos e imágenes pretendiendo que los demás la vean, la valoren, la critiquen y la compartan. La intimidad se pierde porque la persona quiere que así sea.

La intimidad tal y como siempre se ha entendido se ha transformado a consecuencia de este fenómeno. Imbricados en un estilo de vida en el que cuesta demasiado tiempo mantener relaciones estables y cercanas con otras personas, nos encontramos con esta alternativa idónea para no romper lazos con el Otro. Sin embargo, aquí ser introspectivo no cotiza al alza y la gente se define por los aspectos de su intimidad que muestra a los otros a través de sus ventanas pantallas. A partir de la utilización de estos medios la socialización de la que está siendo objeto el nuevo usuario conectado se envuelve en una serie de comportamientos que devienen en una trasgresión de las viejas reglas grupales. La intimidad se encuentra desposeída del contenido que ha reservado hasta ahora y la exposición pública ha empezado a tener valor por sí misma. De acuerdo con esta nueva tendencia, la vida privada a menudo se transforma en espectáculo, con audiencia incluida y casi garantizada. Hasta hace poco tiempo no era posible fácilmente ofrecer la intimidad. Ahora la privacidad, la intimidad, se hace “ex”, porque lo dejas ahí colgado eternamente, y no sólo lo leen los amigos y familiares, sino decenas o centenas de personas ajenas a tu vida rutinaria que sólo pretenden saber cómo te van las cosas aunque no les importe mucho, ya sea por fisgonear, por puro entretenimiento o por interés en lo que publicas.

Son muchas las personas y las empresas que actúan como piedras ante este fenómeno, ya que todo esto le resbala. Los más esponjosos saben hacerse con las posibilidades de las nuevas herramientas y desarrollar rápidamente esas habilidades necesarias para adaptarse a este escenario. Mantenerse fuera de la red alegando miedo o desmotivación resulta ridículo para el que ya está presente, provocando una brecha (más), la digital, que genera una nueva forma de exclusión social y profesional. Y es que cuando alguien dice que las redes sociales son inútiles y vacías se está refiriendo posiblemente a su red social. No tener extimidad genera desconfianza, ya que el que no quiere pretendidamente mostrar lo que piensa, siente o hace puede ser porque algo oculta. Si tienes derecho a mirar mi ventana pantalla, has de mostrarme la tuya.

El distanciamiento entre los que están produciendo y consumiendo contenidos y los que se niegan a mostrarse no tiene más remedio que acentuarse a través de esta versión moderna del ostracismo: como recuerda la tesis número 29 del Manifiesto Cluetrain “ya lo dijo Elvis Presley: no podemos seguir juntos si sospechamos mutuamente”. Quienes participan en la Red van adoptando valores de manera paulatina y sigilosa cercanas a la ética hacker: No hay que confundirlos con los crackers, los usuarios destructivos cuyo objetivo es el de crear virus e introducirse en otros sistemas: un hacker es un experto o un entusiasta de cualquier tipo que puede dedicarse o no a la informática. En este sentido, la ética hacker es una nueva moral que desafía la ética protestante del trabajo, tal como la expuso hace casi un siglo Max Weber en su obra clásica La ética protestante y el espíritu del capitalismo, y que está fundada en la laboriosidad diligente, la aceptación de la rutina, el valor del dinero y la preocupación por la cuenta de resultados. Frente a la moral presentada por Weber, la ética del trabajo para el hacker se funda en el valor de la creatividad, y consiste en combinar la pasión con la libertad. El dinero deja de ser un valor en sí mismo y el beneficio se cifra en metas como el valor social y el libre acceso, la transparencia y la franqueza. (Himanen, 2002, La ética del hacker y el espíritu de la era de la información).

La pasión, la libertad, la conciencia social, la verdad, la anticorrupción, la lucha contra la alienación del hombre, la igualdad social, el libre acceso a la información y el conocimiento libre, el reconocimiento entre semejantes, la accesibilidad, la preocupación responsable, la creatividad… son los valores que fundamentan el espíritu y el discurso de la ciudadanía empoderada con la tecnología, que se emancipa cuando quiere a través de una inteligencia colectiva que le permite desestabilizar los poderes tradicionalmente inalterables, como los de los medios de comunicación o la propia política.

Inmersos en una sociedad dominada por el éxtasis de la comunicación, sólo existimos como terminales de múltiples redes: nuestro cuerpo se vuelve inútil y obsoleto, pierde su carácter de metáfora para precipitarse a una enloquecida metástasis. (…) Tal delirio comunicativo apareja en el sujeto un permanente estado de fascinación y vértigo (…) en un mundo relacional y promiscuo donde la proximidad absoluta e instantánea de las cosas vuelve ilusoria la existencia de mundos privados. No somos más que pura pantalla, pura superficie de absorción y reabsorción de informaciones ¿Existimos realmente?: moderna obsesión del sujeto conminado en cada momento a probar, ante sí mismo, su existencia.

Este texto extraído de la contraportada de El otro por sí mismo (1988), de Jean Baudrillard resuelve y justifica la afirmación que apareció por Twitter hace pocos días, que decía que “cuanto más cambia una cosa, más se convierte en sí misma”. Finalmente el hombre, ante tanta tecnología, tampoco podrá escapar de sí mismo.

4 Comments

  1. Muy bien hilvanado el artículo, Nacho. Me ha gustado mucho.

  2. Me ha gustado mucho y estoy de acuerdo en todo, gracias!

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