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Posted by on 31 ene, 2010 | 10 comments

La ¿feliz? trabajadora

La ¿feliz? trabajadora

Me gusta mi trabajo. Me gusta tanto que pasan las horas de mi horario laboral casi sin darme cuenta, porque disfruto con la mayor parte de tareas que tengo por delante. Un buen o un mal desempeño de mis funciones depende casi exclusivamente de que sea capaz de volcar mi conocimiento y experiencia en esas tareas concretas… buy online viagra y eso me motiva. Las cosas de mi alrededor sé que no van tan bien, pero eso a mi no me incumbe: mi territorio laboral lo controlo yo y marcha bien.

Digamos que resolver los objetivos (retos, problemas…) con lo que me enfrento diariamente me proporciona la suficiente inquietud intelectual como para, no sólo no aburrirme, sino estar razonablemente contenta con lo que hago. Estoy bien remunerada, a todo esto. Además, al ser funcionaria, dispongo de una estabilidad que reconozco que es un lujo.

Otra cosa es trabajar fuera del horario laboral. Mi trabajo es de 8 a 3 y hay momentos en el que la carga de trabajo es excesiva para poder terminarla en ese horario. Sé que si una o dos veces en semana dedicara un par de horas para terminar las tareas por las tardes, probablemente todo iría mejor. Ya digo, no me importaría hacerlo, porque me gusta lo que hago. La cuestión es que no quiero. De hecho, intento pensar en otra cosa cuando pienso en mi trabajo fuera de su horario, a pesar que me inquieten esos pensamientos pasajeros o que incluso me motiven para ponerme a “hacer algo” con lo que pienso. Para mi, esos pensamientos son distractores, algo que no pertenece realmente a mi vida personal.

Además, en mi entorno, compañeros no harían esto de trabajar por las tardes jamás de los jamases. Es más, ya hacen menos de lo que tienen que hacer por las mañanas, ya sea por incompetencia o por desidia. Así que no voy a ser yo la que “pringue” más de la cuenta, a pesar de que ese “pringue” me guste. Tengo claro que no me pagarán más por hacerlo y, además, desconozco las consecuencias que tendría este comportamiento en el resto de compañeros. Hasta ahora me llevo bien con la mayoría, incluso tengo relación de amistad con algun@s, algo que no me gustaría estropear.

En consecuencia, creo que soy feliz por tener el trabajo que tengo. ¿O no?

———————————

El responsable de recursos humanos de la organización en la que trabaja la que escribió el texto de más arriba se encontró con este documento en el buzón de sugerencias recién instalado en la intranet corporativa. Como responsable del buzón de sugerencias tiene la obligación de tramitar las mismas e intentar dar una respuesta. Después de leer y releer el documento, realmente no sabe qué hacer.

{La imagen la encontré aquí}

10 Comments

  1. Uff: no hay solución. Tremendo el tener que darse cuenta que es necesario llegar a esta conclusión, ¿no?

  2.  Hola Nacho,

    Interesante tema el que planteas aquí.

    La solución existe y es cambiar el funcionamiento de las reglas de la administración y valorar lo que se hace, como se hace y lo que se aporta por cada trabajador publico. Y que de esto dependa una remuneración variable interesante que premie el trabajo de las personas que son productivas y que demuestran que les gusta su trabajo. No puede ser que el aprobar una oposición sea la puerta a la incompetencia y vagancia de unos pocos. Además aunque no hagan perciben lo mismo que los que trabajan.

    Obviamente será una medida impopular porque a muchos se les acabara el cuento debido a que quizás su puesto y funciones e pongan en entredicho de una vez.

    El dilema de esta trabajadora lo sufren muchos funcionarios y algunos hacen más horas y van por las tardes porque les gusta su trabajo. Aunque al final ven que eso no soluciona el verdadero problema.

    Saludos,

    Juan

  3. Dices que hay que “cambiar el funcionamiento de las reglas de la administración” pero, ¿quién decide que es necesario cambiar? ¿tienen tiempo para “ocuparse” de esas mejoras? No sé si veremos nosotros esa posible solución… o serán nuestros nietos.

    Gracias por pasarte a comentar :-)

  4. Hola Nacho,
    Yo opino lo mimso que Juan, que la Administración debería empezarse a plantear el valorar y remunerar a los funcionarios en función de algunos parámetros objetivos, que vayan más allá de la antiguedad y el escalafón. De hecho, creo que en la administración de justicia ya se ha hablado de ello de manera oficiosa.  Allí es la situación especialmente preocupante, pues hay jueces y fiscales que deben dedicar un mínimo de tres horas diarias fuera de su jornada laboral, a las tantas de la noche desde casa (c0n su ordenador personal, porque ni eso les facilitan), tan solo para poder meditar y escribir una sentencia con la mínima tranquilidad. Y, paralelamente, en otros ámbitos de la administración, se dan situaciones como la que describes. Una gran paradoja…
    Pero todos esos cambios llegarán, aunque ni  tu ni yo los veamos.
    Un saludo,

  5. Uhmmm… se está empezando a hablar de manera oficiosa en la administración de justicia. Astrid, ¡creo que ahí está la clave!: o hay sublevación por parte de los damnificados por este sistema, (a saber, aquellos que quieren hacer las cosas bien pero la organización del trabajo no lo permite) o seguiremos igual que siempre. Muchas gracias por tu apunte.

    Saludos.

  6. Hola Nacho. Pues igual desentono un poco con el resto de opiniones, pero yo a esta persona le diría: Muy bien!!No trabajes ni un minuto más de tu horario!! Parece que en España seguimos con la costumbre de quién más se queda en la oficina más vale y más rápido promociona, cuando en muchos países del resto de Europa (todavía me pregunto en qué sentido somos europeos…) a los trabajadores no se le pasa por la cabeza quedarse más tiempo del estipulado en la oficina, incluso en ocasiones está mal visto.
    Creo que se trata de un problema de productividad, y no de horarios. Seguramente, con una personas motivadas como la que cuentas en el post se podrían hacer algunos ajustes para que la carga de trabajo no fuera tan excesiva. Es una cuestión de planificación, producción, planificación…pero con una persona motivada, no cometamos el error de pedirle más horas así como así (¿dónde hay incentivos?)
    Un saludo, Oliver

  7. Tema complejo, Oliver. En el trasfondo de este caso hay un problema de organización del trabajo, que hace que la gente pueda estar durante etapas del año a un bajo nivel de productividad, y así conseguir unos resultados; y también durante otras etapas del año la propia idiosincrasia del trabajo hace que sea necesario, no ya echar más horas como tal, sino llevar a cabo una serie de tareas que requieren un tiempo determinado {un tiempo que quizá exceda el de la jornada laboral}.

    Cada caso es un mundo. Y éste, sin más contexto, no ayuda a proponer soluciones. No obstante, me temo que con voluntad para el cambio por parte de los implicados y por parte de los responsables podría pensarse en la posibilidad de llevar a cabo “algo” que permitiera algún tipo de mejora de la situación.

    Un saludo.

  8. Hola, Nacho.

    Yo sí creo que puede haber soluciones, aunque no sencillas. Antes de hablar de eso… me temo que esta mujer, si empleara esas horas de sus tardes que dice a veces le apetece emplear en asuntos de trabajo, descubriría que no es verdad que de esa forma muchas cosas fueran mejor de lo que van (como cree). Que el monstruo es frecuentemente tan grande que cuando le cortas lo que crees que es una pierna, resulta que era un dedo… y que en cada extremidad tenía más de 20 dedos y que tenía tantas extremidares que no se pueden contar…

    Creo que la salida está por otro lado, por abrir posibilidades de trabajar, por ejemplo, en comunidades que se ocupen de asuntos transversales al trabajo de cada uno. De esa forma se evitarían o al menos se podrían mitigar los efectos relacionales temidos en el entorno más directo de los compañeros.

    Quizá (¿quién puede estar seguro?) podría verse esa iniciativa más como una labor de compromiso social y personal para con la “res publica”… que un agravio comparativo y “pelota” (esta figura no es extraña en la administración pública, o al menos yo conozco algún caso), no se leería como toca-narices de los compañeros.

    No sé… hablar de comunidades de práctica en la administración igual es soñar… o a lo mejor no digo más que bobadas… pero quizá sería una forma de abrirse un camino al crecimiento personal (y por qué no, a nuevas rutas en una carrera profesional) que nadie vea como una amenaza o como un peloteo.

    Porque desgraciadamente, en nuestra cultura, lo de las 8 horas y fichar con garantía de empleo… me temo que conduce inexorablemente a enormes cuotas de desperdicio en el trabajo público. El que haya excepciones… no cuenta.

  9. Es provocadora la idea de crear comunidades de práctica en la administración pública, Jesús, porque sin duda podría ser una fórmula para construir con criterio “eso” de la mejora continua en la forma de organizarse. Lo que no sé es cómo acogerían una propuesta similar los sindicatos o los propios funcionarios no dispuestos a mejorar esa “res pública”, puesto que ese status quo, para bien o para mal, les proporciona estabilidad y seguridad.

    Creo que sólo los damnificados por injusticias organizativas, o profesionales inquietos por progresar en la faceta laboral (a pesar de tener esa estabilidad soñada), podrían abanderar una revolución de la cultura de trabajo en la administración.

    Gracias por tu inteligente conversación.

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  1. Nacho Muñoz - {conGestión de Personas} La ¿feliz? trabajadora http://bit.ly/bAqvIi
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