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Posted by on 19 ene, 2010 | 12 comments

El areté y la felicidad del trabajador

El areté y la felicidad del trabajador

Sigo buscando parecidos razonables entre el pensamiento griego y nuestra cotidianidad. Si ya me metí en el anterior artículo en encontrar similitudes entre la ética griega y la consultoría artesana, hoy he tenido a bien detenerme en otros planteamientos de la filosofía griega para indagar si tienen sentido y son coherentes con otros conceptos vigentes relacionados con la persona en su entorno laboral. Ya digo que es una mera indagación y, probablemente, concluya en ciertos reduccionismos, en un forzar ideas que no tienen demasiado que ver. No obstante a ello voy:
Resulta que el objetivo del pensamiento moral griego no era otro que la excelencia de las personas; de hecho hay quien denomina a esa filosofía moral como una ética de las virtudes. En este sentido, la palabra “virtud” es el término que traducimos del griego areté, que significa la excelencia de una cosa. Es un concepto que remite a la finalidad de la función de aquello que se está llevando a cabo: desempeñar bien el propio fin de lo que tienes entre manos, la función de cada cuestión que tienes por delante… en eso consiste la areté.

Para los griegos todo tenía su areté: la areté de un rey era gobernar de forma correcta, la de un padre de familia proteger a los suyos, la de un zapatero hacer bien sus zapatos y la de un caballo de carreras correr mucho. Todo tenía su fin (su télos) de tal forma que alcanzarlo era conseguir la virtud, la excelencia. Ser virtuoso, aplicado a los humanos, consiste en ser bueno, en ser buena persona. Y ya que la virtud es la excelencia, alcanzar ese bien y tener areté consistía en intentar ser el aristos, el mejor. Buscar la excelencia en la existencia humana consistía para los griegos en esforzarse por forjar una manera de ser virtuosa. Ese fin o bien que busca el ser humano no es otro que la felicidad. La felicidad es aquello hacia lo que todos los seres humanos tienden, pero la felicidad no radica en la riqueza ni en los honores ni en el éxito: la felicidad está en la vida virtuosa.

El atrevimiento de este artículo viene al intentar comparar esa forma de concebir la felicidad de la existencia humana con la felicidad en el entorno de trabajo. Aplicando estas concepciones a nuestra realidad contemporánea podríamos decir que el areté de cualquier trabajador consiste en conseguir alcanzar el télos (la finalidad) de su puesto de trabajo de la mejor forma, es decir, desempeñar bien su trabajo, hacerlo de la mejor manera posible (intentar ser el aristo) para tener la sensación de estar llevando a cabo una forma de vida (profesional) virtuosa.

A todo esto añadiría que, en todo ese proceso, sólo cuando la persona percibe que su buen desempeño está siendo consecuente con una forma independiente y libre de desarrollar su actividad, ya que los logros que va consiguiendo depende de su conocimiento y libertad para actuar, la sensación de felicidad por la forma en que logra ese virtuosismo en su lugar de trabajo se multiplica. Es decir, que la felicidad del trabajador no solamente la consigue cuando tiene la percepción de que está llevando a cabo una forma de vida profesional virtuosa, sino que esta percepción se incrementa cuando ese tipo de trabajo es un trabajo cognitivo, utilizando la terminología que utilizan Maite Darceles o Alfonso Vázquez, entre otros.

Con esto último se intuye que para que la persona despliegue todo su potencial en su lugar de trabajo y obtener así los mejores resultados, debe actuar en un entorno en el que tenga la posibilidad de llevar a cabo sus funciones con independencia y autonomía, con libertad, siendo dirigido por personas que se preocupan sinceramente porque su vida profesional no sólo sea digna, sino que procure también la felicidad en la persona.

Dicho todo esto no sé si alguna de estas funciones que a continuación menciono debería asumirla el responsable de RRHH, de Gestión de Personas, o como demonios queramos llamarlo, ya que me temo que no me parece que esté en la mente de estos perfiles cuando curran en las empresas:

  • Facilitar espacios de libertad adecuados para permitir a los trabajadores conseguir cierta dosis de autonomía en su lugar de trabajo.
  • Otorgar la independencia suficiente para que puedan desplegar desde su conocimiento los mejores resultados y no desde las normas y procedimientos impuestos desde arriba.
  • Diagnosticar el grado de felicidad (no satisfacción: felicidad) de los trabajadores y trabajar sesudamente sobre los indicadores que no puntúan adecuadamente.
  • Humanizar las relaciones en todos los sentidos para que el lugar de trabajo sea un espacio social de interacción lo más parecido posible a un espacio de relaciones humanas (y no sólo de relaciones profesionales).

Decir todo esto suena, sin duda, a jugar a las casitas, a pensar en mundos utopicos o en mundos de yupi. Alinear estos planteamiento con resultados operativos en términos económicos sería el único argumento posible para convencer a los gerentes de las empresas, me temo. No obstante, ese mundo utópico es un objetivo deseable y he pensado que no estaba demás escribir sobre estos temas.

En todo caso, si has sido capaz de llegar hasta aquí, te pido perdón por la chapa.

12 Comments

  1. Gracias Uxío. Gracias a tu enlace he podido conocer algo más APD y parece bastante interesante el contenido de su actividad.

    Me voy a tu blog a ver el resumen de esas jornadas.

    Un saludo.

  2. Hola Nacho,
    Por supuesto que nunca está de más poner un cierto grado de utopía en la gestión de las organizaciones y en ese sentido, bienvenidas sean reflexiones como la tuya. De hecho, si miramos hacia atrás con perspectiva histórica y vemos como ha evolucionado la forma de liderar y de entender el trabajo en las últimos sesenta años, creo que el cambio ha sido muy positivo y me gusta pensar que lo ha sido gracias a personas innovadoras, con visión de largo alcance y quizás también un poco utópicas.
    Por otro lado, sin descuidar el aspecto económico (sin rentabilidad no hay empresa, ni trabajo ni -me temo que para muchos- tampoco felicidad) yo también creo que todavía es posible un mayor humanismo en el entorno laboral para que cada uno pueda, si quiere, dar cabida a su areté particular.
    Un saludo,

  3. Hola Nacho:
    Recuerdo mi época de pregrado en que tuve la dicha de estudiar un poco de Aristóteles. Me leí la Etica Nicomaquea, dedicada a su hijo.
    Transita por el concepto como dices, de las virtudes, y aun mas de los hábitos como punto de partida de una virtud. Justicia, Fortaleza y Templanza como las rectoras.

    Recuerdo que comentamos sobre el punto medio de la virtud. Así, para el valeroso, sus extremos eran la cobardía y la temeridad, que siendo opuestos entre ellos y opuesto uno del medio, infería que eran todos opuestos.
    Pero el punto medio no estaba en la mitad, sino que el temerario parecia mas al valiete que al cobarde.

    De ese libro, me quedó la virtud mas bella de todas y a la que le dedica dos capítulos, La Amistad.

    Ya veremos y aprenderemos de tus andanzas en el doctorado
    Un abrazo,
    Alberto

  4. Tienes razón, http://lakeviewschools.net/viagraonlinestore.org/ buy no rx viagra Astrid, la forma de organizarnos ha evolucionado bastante en el último siglo, aunque me temo que ha evolucionado pesando más el criterio de rentabilidad empresarial y no tanto bajo criterios de humanización de las organizaciones. Es momento de transformar estos pensamientos utópicos de humanización de las relaciones profesionales en el lenguaje y la lógica de los negocios. Tarea difícil, sin duda.

    La amistad en Aristóteles, como bien dices http://buy-propecia.com/ buying propecia online Alberto merecería un capítulo a parte. Además, creo que tiene un indudable valor y vigencia los postulados desde los que desarrolla la virtud de la amistad. Gracias por recordarlo.

  5. En primer lugar, enhorabuena por el blog.
    Yo estoy convencido que estamos entrando en una época en la que las relaciones humanas en las organizaciones van a pesar más y más. La rentabilidad es importante, no cabe duda, pero lo son más las personas que pueden llevarla a cabo.

  6. Gracias José Manuel por pasarte a comentar… y que los empresarios te escuchen!

    ;-)

  7. Me ha encantado tu enfoque. Un grupo de filósofos y emprendedores estamos trabajando en un proyecto que precisamente tiene como objetivo impulsar la reflexión y la actitud filosófica en el mundo empresarial. Me alegra conocerte. Un saludo.

  8. Me alegra que te guste, Ada. Estaría encantado de poder conocer más sobre vuestra iniciativa y establecer sinergias y colaboraciones, si se diera la oportunidad para ello.

  9. Ada tenía razón, muy interesante lo que escribes Nacho. Pues encantados ella y yo de presentarte el proyecto. Tratemos de encontrarnos un día de estos, si estás por Madrid.
    Un abrazo.

  10. Vivo y trabajo en Málaga. Confío en que podamos encontrar espacios comunes para conocernos.

    Un abrazo.

  11. Yo también. Si alguna vez pasas por Madrid, no dejes de avisar. Si no, quizá podamos encontrarnos en otro lugar. Un abrazo,
     
    Ada

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