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Posted by on 25 ene, 2009 | 3 comments

Ciencia: "aprender es un placer"

Ciencia: "aprender es un placer"

Tiempo estimado de lectura: 163 segundos


He intentado en numerosas ocasiones, no sé si con éxito, transmitir que estudiar o trabajar puede ser divertido.

Pienso que si el trabajo va a formar parte de cerca de la mitad de tu vida consciente (de lunes a viernes, 8 horas durmiendo, 8 horas trabajando, 8 horas para el resto) tienes la obligación de buscar nuevas formas de afrontar las mismas funciones, ya que generar nuevos formatos para escenarios ordinarios hace que el incentivo novedoso del asunto te obligue a flexibilizar el modo en el que te acomodas con esa cotidianidad y te inyecte más motivación y energía para llevarla a cabo.

Por fin este razonamiento puedo justificarlo de una manera más científica.  Y es que nuestro cerebro está diseñado para que el aprendizaje sea un placer. ¿Cómo lo hace? Pues a través de la dopamina.

La dopamina es un placentero premio que nuestro cerebro nos concede de forma natural después de acciones como el sexo, comer o hacer ejercicio. Es un mecanismo diseñado por la evolución, para que nos guste repetir aquellas acciones que son positivas para nuestra salud, supervivencia y reproducción.

Una de las razones de que las drogas adictivas, como la cocaína, sean adictivas es porque penetran en el circuito de recompensa en el que la dopamina está involucrada. El problema de las drogas adictivas es que los niveles de dopamina que consiguen liberar son muchísimo mayores que los segregados de forma natural. Y para que este mecanismo de placer-recompensa continúe siendo efectivo tras un consumo continuado de drogas, el cerebro tiene que llevar a cabo complejos cambios para desensibilizarse de la dopamina, de tal forma que el consumo continuado deja de producir placer para generar necesidad.

A través de diversas investigaciones (vía mind hacks) se ha llegado a concluir que tener una experiencia de aprendizaje sorprendente (en el sentido de experimentar la sorpresa de aprender algo nuevo, de manera espontánea) hace que se libere dopamina al cerebro de tal forma que tengamos una sensación agradable tras la experiencia de aprendizaje. Nuestro cerrebro ha evolucionado para que busque el aprendizaje, y por ende que lo encontremos divertido.

De alguna forma, estos hallazgos hacen que se refuercen las teorías acerca del aprendizaje experiencial (learning by doing…) que asumen que el proceso de enseñanza – aprendizaje es mucho más potente y significativo porque el conocimiento se crea a través de la transformación provocada por la experiencia. Asimismo, los resultados de la evaluación de los alumnos que pasan por este tipo de metodologías siempre es muy superior de aquellos otros que reciben clases magistrales.

En definitiva, que seguiré diciendo, ahora con un argumento científico que me apoya, que aprender cosas nuevas, o hacer del día a día un (verdadero) nuevo día en el que tengamos que aprender algo de él, nos permite condicionar y mejorar nuestra propia sensación de felicidad.

3 Comments

  1. De acuerdo totalmente con esta filosofia.

    Lo que ocurre es que en estos tiempos que corren, lo que nos rodea nos hace salir de casa ya con mala cara,y cambiarla cuesta.

    Un saludo

  2. Es que antes de la revolución industrial, prácticamente cualquier actividad era divertida puesto que cada quién se dedicaba a hacer lo que mejor habilidad tenía, así que el trabajo y el aprendizaje se centraban en la personalidad y gustos de la persona, luego la cosa cambió… Ahora que nos hemos dado cuenta de estos aspectos, es que volvemos a buscar con nuevas técnicas que el trabajo y el aprendizaje sean divertidos, y yo pienso que lo conseguiremos.
    Interesante lo expuesto sobre la dopamina y las drogas sintéticas.
    SM

  3. Es cierto José Luis, estos tiempos son malo para casi cualquier iniciativa relacionada con las personas y el rendimiento.
    Como dice SM, tenemos que buscar nuevas técnicas para que el trabajo y el aprendizaje resulte divertido.
    Yo creo que tenemos el reto de hacer que el trabajo constituya una motivación intrínseca, de tal forma que cualquier persona se levante con “ganas” de ir a trabajar, ya que considera que es un escenario en donde hace cosas que le gusta.

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