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Posted by on 14 sep, 2007 | 0 comments

Comunicación y Motivación: los eternos rivales

Comunicación y Motivación: los eternos rivales

autor:
Jonathan Ponce de Haro (alumno Master RRHH 06/07)A veces, justo antes de cerrar los ojos frente a la imponente llegada de la noche, recuerdo de mi niñez etapas que guardo en ese álbum personal llamado memoria. A veces, los pensamientos del pasado se me antojan vivos y repletos de significado.

Hace muchos años, hubo un día trascendental en mi etapa como futbolista. Estaba anocheciendo y jugábamos contra el parque vecino, “los eternos rivales”. No exagero si os cuento que “uno por uno” éramos tremendamente superiores, rápidos como gacelas, rudos como jugadores de Rugby, pero ese día nos faltaba el aire, la magia, esa conexión entre el trabajo realizado y resultado obtenido. Perdíamos 7-2 en campo rival y una fina lluvia apareció a la vez que los enemigos informaban: “quien llegue a 10 gana”. Plan de contingencia, reunión a la desesperada para reunificar esfuerzos. Las palabras de uno de mis compañeros fueron tatuadas aquella tarde de invierno:

“… joder… que asco de tarde, vaya paliza nos están dando, vaya cagada de partido, Ale tu no le metes gol ni al “arcoiris”, Adri pasa y no chupes más, y Jonhy, tienes el físico de Gordillo, vaya panda de idiotas, con vosotros no se puede y ya podemos irnos a dormir porque no merece la pena ni seguir jugando…”. Todos agradecimos las palabras de ánimo y emprendimos camino a la gloria.

Efectivamente, seguimos jugando, con honor, con furia, con fuerza, con una malicia descontrolada dirigida hacia la portería rival. Nunca me vi tan rápido, tan preciso, con tanta “mala leche” en el juego.

De pronto, un esférico se desliza hacia la banda derecha y me encuentro totalmente desmarcado. La pelota rueda suavemente sobre el pavimento, sólo tengo que coordinar mi posición y perforar la portería enemiga. El tiempo parece detenerse por unos instantes, llevo mi pierna hacia atrás para aumentar toda la fuerza posible, soy suficientemente hábil como para marcar desde esa posición. Lanzo el pie a una velocidad descomunal mientras pienso en el contacto del pie con el balón. Imagino a todos mis compañeros felicitándome por el golazo y sonrío mientras mi pierna se transforma en un obús.

Hace muchos años, hubo un día trascendental en mi etapa como futbolista, perdimos 10-2 contra nuestro “eterno rival”, ese día supe que ser buenos a veces no garantiza lograr el resultado esperado, supe que como futbolista no tendría grandes logros y conocí el dolor que se siente al golpear con todas las fuerzas el suelo en vez del balón.

Todo influye y en esta vida muchas veces necesitamos ese plan de contingencia, esa puesta en común de la información. Pero debemos comprender el poder de la palabra. Gastar tiempo en la construcción de una frase es perder tiempo si no se cuida el mensaje que se transmite.

A lo largo de mi vida, he aprendido que cuando algo se hace mal, aparecen las consecuencias, es inevitable. Sin embargo el “día después”, la actitud, la forma de ver la realidad es el camino que nos conducirá hacia el éxito o el fracaso. No hablo de “Positivismo”, hablo de comunicación, motivación e interés.

En el mundo empresarial se comenten errores a cada segundo, a cada instante, pero el resultado final no es consecuencia del error, es consecuencia de ese instante, de esa reacción que tenemos frente a ese obstáculo. Un compañero que reconoce un problema, no puede pretender arengar a su equipo devaluando jugador a jugador. Esta ley es básica para todo entorno, pasa exactamente lo mismo en el mundo empresarial. La comunicación, la empatía y el respeto, juegan en el equipo que la motivación.

Hace muchos años aprendí 2 cosas, nunca sería como Pelé y mi compañero nunca sería como Valdano.

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