Pages Menu
TwitterRssFacebook
Categories Menu

Posted by on 6 ago, 2007 | 0 comments

Trabajar veraneando

Trabajar veraneando

Autor: Nacho Muñoz Vázquez

“Una investigación desarrollada por neurólogos de la Universidad de Michigan ha descubierto los mecanismos cerebrales que explican el efecto placebo, esa capacidad que tienen algunas personas para curarse o aliviar un dolor tomando una falsa medicina, inocua y sin eficacia alguna”.

Bien. Aunque la noticia sea actual, todos sabíamos que el efecto placebo existe. La ciencia a veces actúa como un notario, sólo que en lugar de “dar fe” de los hechos, da una explicación objetiva de algún mecanismo extraño tuyo y mío que, aunque sabemos que existe y nos ocurre, no sabemos por qué.

La cuestión es que hay muchas más cosas que nos ocurren y no sabemos por qué se producen. Por ejemplo, ¿por qué todos los veranos desplegamos una lista de nuevos propósitos, acciones, mejoras… para el nuevo curso?, ¿hay alguien que no se haya asegurado a sí mismo que a partir de septiembre va a hacer algo nuevo o retomar viejos y saludables hábitos?

Los propósitos son de índole personal y profesional. En lo personal cada uno tendrá sus complejas circunstancias y escenarios, pero en lo profesional casi todos pretendemos mejorar nuestra situación, ya sea en euros, en sonrisas o en nuevas mesas de despacho. A veces algunos incluso se plantean, simplemente, hacer mejor las cosas del día a día.

A nivel empresarial pasa lo mismo, sobre todo para los que la dirigen. Y no sólo los que están más arriba del organigrama, también aquellos que de repente se encuentran dirigiendo un departamento, una sucursal o una tienda de una conocida marca. Aunque muchos tienen el plan estratégico grabado en el disco duro (en el del despacho o en el de su almohada) entre chapuzón y chapuzón inevitablemente van pensando mejoras internas. Algunos creen que la gente de su empresa (o de su equipo) podría rendir más, a otros le escuece la falta de margen de beneficios casi tanto como la picadura de las medusas. Hay quienes se saben ocupantes de silla de aula para otoño y muchos otros, simplemente, desconectan de los problemas y ahora se concentran en el planteamiento de nuevos objetivos retadores, con formas y formatos de consecución.

Lo bonito es que sólo pasan por la cabeza mejoras y mejoras de esos incomprendidos directivos, responsables de área o empresarios. Y en septiembre algo ocurre que vuelven todos con un entusiasmo inusitado, activando toda la maquinaria de recursos financieros, tecnológicos, comerciales y marketinianos puestos a su disposición… en el mismo momento, muchos de sus recursos humanos comienzan la depresión postvacacional.

A nivel personal quizá ya tengas el decálogo de nuevos propósitos, porque el verano ya ha inyectado su dosis de energía para pensar en ello. Lo que quizá no sabes es lo que harás para cumplirlos si en septiembre se va toda esta alegría que te da el sol, el mar, la cerveza o la buena compañía de estas fechas.

Deja un comentario